LA POÉTICA DEL HABITANTE

 Antología personal de Miguel Ángel Meza publicada en Gaceta del Pensamiento / Cuaderno 43 / 2020

 

 

Por José Antonio Íñiguez

 I.

    A la poesía escrita en Cancún le hacía falta la consolidación de una obra como la de Miguel Ángel Meza para fortalecerse de verdad. En sus primeros dos libros —Destellos de mareas y El rostro que habitamos— había mostrado ya con madurez la poética del habitante que se atrevía —como si esto fuera una insolencia ante la banalidad de esta urbe— a escribir una poesía sorprendentemente sólida para su contexto territorial…, pero, a decir verdad, hacía falta ese golpe de timón que necesitan algunas trayectorias literarias enraizadas en una ciudad y en un Estado como en el que vivimos: la consistencia.

Con la reciente obtención del Premio Internacional de Poesía Caribe-Isla Mujeres y la reciente publicación de este compendio, Miguel Ángel Meza entrega, por fin, lo que hasta hace poco parecía que se fraguaba a temperatura media: su visualización de nueva cuenta en el panorama literario regional y la publicación de un nuevo volumen de poemas que, al mismo tiempo, sirviera ya sea para revisitar o para divulgar —ahora sí profusamente— su labor poética de más de tres décadas.

Con una muestra concisa, Antología personal es, a la par que un epítome de lo más representativo en la obra de Meza, un fresco exacto de una presencia literaria que ha brillado por sí misma en la breve historia literaria cancunense y, por otro lado, la constancia de quien, desde la poesía, ha retratado puntualmente —como Carlos Hurtado lo hizo en la novela con su Cancún todo incluido— el sentir del ser habitante en una ciudad tan prefabricada, sui géneris y relativamente reciente como ésta.

Basta hacer una entusiasta revisión a las decenas de libros, antologías y revistas publicadas en el ámbito local para comprobar esto último. Y basta hacer también una breve pesquisa —a fuerza de querer sobredimensionar retóricamente los poemas de muchos (entre ellos los de Alicia Ferreira, la que es, innegablemente, la otra poeta cancunense con una trayectoria respetable)— para confirmar 1) que el auge de publicaciones de poesía se ha consolidado en la vida cultural local y 2) que salvo algunas ejemplos recientes (Memoria de Gabuch, de David Anuar; Quiltro lux, de Aldo Revfaulknest), hay muy pocos ejemplos de poemarios de buena factura, y ni qué decir de la escasez de poetas que, ya no preocupados tanto por la hechura de sus versos, muestren el paisaje urbano de Cancún, ya sea de forma directa (como objeto poético) o como contexto espacial, sin caer en retoricismos o en atmósferas verbales más propias de la introspección que del mundo concreto.

El caso de Miguel Ángel, en cambio, es de esas pocas excepciones.

Migrante como la mayoría de escritores que, como él, se enraizaron en la ciudad a finales de los ochentas, Meza ha forjado desde su bajo perfil una poesía que, a manera que se va construyendo a sí misma, deja a la intemperie una obra cada vez más nítida, comprometida con su entorno inmediato y uniforme.

Antología personal de Miguel Ángel Meza publicada en La Gaceta del Pensamiento / Cuaderno 43 / 2020

En los 25 poemas que conforman Antología personal puede notarse, sin duda, esta construcción y sus múltiples procesos.

No hay en este volumen los restos de una edificación a medio hacer. Hay, por el contrario, una escritura que, al reunir aquí sus trazos más ilustrativos, expone ya (como lo hace cualquiera en algún momento) sus mejores hallazgos —sus imágenes poéticas afortunadas (“salen a flote en mis ojos aquellas naves/hundidas en el último naufragio”)—, sus yerros innegables —sus ocasionales engolosinamientos con la retórica cuando el poema le exige más sencillez expresiva que elaboraciones metafóricas—, sus oscilaciones entre el tono conversacional y el lirismo a lo Ars Gratia Artis, así como sus fobias y preferencias estilísticas.

Hay, por otra parte, los temas que han marcado siempre la brújula de su obra poética: el erotismo, la experiencia amorosa, la incertidumbre por el devenir y las aflicciones existenciales; muy presentes sobre todo en versos de su primer libro:

¿Tendré alma suficiente para vivir

en esa liza de quimeras y demonios?

¿Liberaré al minotauro que me habita

y cruzaré indemne el laberinto de los años?

La noche ha dejado de cortejarme.

Otros abismos han abierto sus lisonjas.

 

Pero también, y en mayor medida, la experiencia en la ciudad (su leitmotiv central); ya sea ésta abordada unas veces como nostalgia por una urbe que ha sido cambiada forzosamente por otra, como sucede en poemas como en “Herrumbres”:

 

No regresaré más —dije—
y la urbe antigua crujió
en el cofre de mis huesos
como un bergantín partido a la mitad.
No habrá retorno —insistí—
y la urbe de mis pesadillas
se hundió en lo más hondo de mi pecho
                           gota de herrumbre.

 

Otras tantas, como metáfora de una indagación introspectiva o como la interiorización del espacio urbano:

Algo ha cambiado la decoración
algo hay distinto en el paisaje
algo se quebró en el alma:
el florero está vacío
el cielo, el rostro, están vacíos.
Ese árbol es un esqueleto abandonado
en medio de mi cuerpo.

 

O bien, en algunas otras, como un territorio en donde una voz cuenta siempre ensoñaciones amatorias de aliento mitológico (“Historia de Hyma”, quizá su texto más emblemático, es un ejemplo de ello) o testimonia con intenciones fundacionales la dinámica de un Cancún profundamente erotizado y bullicioso, como el que deja latir Meza en este fragmento de “Diez trazos para otra máscara”:

[…] Bulle la gente en la piel ciudadana como hormigas de urgentes y ciegos designios. Salimos: el cielo nos acompaña volcando sobre la mirada su océano de nubes. Ahí se queda todo el día con la marea de su belleza coagulada, con sus afeites para otra seducción, mientras tú te sumerges en otro mar: en olas laborales y pragmáticas, en espuma de oficina acondicionada por el deber, o en molicie de tiendas enjoyadas por fulgores que hacen salivar tus bolsillos. Hay un aire festivo y falaz en todo esto. Atmósfera liviana que excita con su promesa de domingo sin fin. […]

 

Un Cancún, hay que decirlo con todas sus letras, nunca antes poetizado con ese rigor y ahínco literarios, y que encuentra aquí tal vez los primeros intentos por conformar desde la poesía su propio idiolecto y un inspirado mural sociológico.

 

II.

     La publicación de este compendio pareciera acaecer, por lo dicho arriba, en un momento más que propicio y, por lo demás, simbólico.

     Trasunto de una urbe que apenas ha cumplido 50 años de existencia, Antología personal es, antes que nada, una muestra necesaria, la revisitación de una poética en pleno uso de sus dominios.

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José Antonio Íñiguez (Cancún, 1991). Ha publicado en revistas como Tropo a la uña, Rio Grande Review, Puf, Bistró y El humo. Es autor de Nueva tierra (Ediciones O, 2018) y Radiografía border (Mantra ediciones, 2020). Mención honorífica del XIX Premio Peninsular de Poesía José Díaz Bolio (2019), por No paraíso. Fue becario del PECDA (2018) en el área de poesía. Ha sido incluido en antologías como Parkour Pop.ético (2017) y Contramarea: breve antología de poesía joven de Quintana Roo (2018). Es coeditor de Cracken Fanzine.