Por Luciano Núñez

 

Hay un verso de Canción para Carito, del cantautor Víctor Heredia, que dice: “En Buenos Aires los zapatos son modernos / pero no lucen como en la plaza de un pueblo”. De lo que se habla en ésa línea es que los contextos y las circunstancias en los que un calzado o una prenda pueden lucir mejor.

En el centro del país –y después de muchos avances en su proceso democrático; después de estudios a la norma y su correcta comunicación –, se instauró la Junta de Coordinación Política. ¿Cuál era el sentido de avanzar hacia esta dirección? Básicamente, desconcentrar el poder.

La idea era quitar la supremacía en el Senado que por años fue hegemónicamente dominado por el partido ganador. ¿Qué se ganaba con ello?: Que los otros partidos también tuvieran decisión en la agenda legislativa y que, a su vez, el Presidente tuviera mayor legitimación sobre los asuntos que se abordan en la más alta tribuna.

Fue así que la Junta de Coordinación Política vino a ganar un espacio para aceitar la incipiente democracia que no acaba de consolidarse como sistema político en toda América Latina, donde rondan intermitentemente las derechas autoritarias.

¿Qué pasó en Quintana Roo?

Por años, muchos años, dígase desde la creación del Estado, los grupos políticos de oposición de nuestro estado (no priístas), lucharon contra marea para tener injerencia en los asuntos del Estado a través de la tribuna legislativa. Fue una lucha compleja y dura debido a que la Gran Comisión fue el escollo para insertar temas, colarse en la agenda y tener incidencia real en la conformación de este estado tan nuevo. Acaso fue tanta la estigmatización contra esa figura, que una vez en el poder (específicamente el PAN), decidió eliminar la figura contra la que habían despotricado tanto.

Sin embargo, mientras eso ocurría, la ejercieron con la misma intolerancia, dureza e intransigencia que sus predecesores, durante tres años con sus días y sus noches. Ante el cambio inexorable hacia el morenismo, la pasada Legislatura aprobó desaparecer la Gran Comisión para instaurar la JUCOPO, Junta de Coordinación Política, o JUGOCOPO para otros.

La idea sigue siendo la misma: una calca a la del Senado, pero en un Estado donde los cacicazgos son todavía tan fuertes como el henequén. Un calzado casi idéntico, pero para un estado muy nuevo.

Restar poder  MORENA en Congreso

En la teoría, la idea de la JUCOPO era quitar a Morena la facultad de tener los tres años la Legislatura a sus pies, que cuenta con un presupuesto mayor a los 400 millones de pesos: ideales para financiar candidaturas. Es así que la ley especifica que los tres grupos mayoritarios, de acuerdo a sus votos, presidirán la Junta. Pero el grave error fue especificar que dicha presidencia estaría en manos del coordinador del grupo político dominante. Ahí fue que se suscitó el caos que devino en la pugna por la presidencia: primero fue designado Edgar Gasca, quien a los pocos meses fue removido por Reyna Durán, quien se convirtió en coordinadora de Morena, al lograr las firmas necesarias de otros diputados.

Administración en peligro y faltas a la palabra

Si ahora mismo Morena designara a otro coordinador, Reyna deberá juntar sus pertenencias de la presidencia y volver a su antiguo curul. Así, la administración pasaría de mano en mano con los retrocesos que esto supone. En el fondo lo que existe no es sólo una ley demasiado “democrática”, sino una falta de valores. Es decir, aquello que se conocía como el valor de la palabra.

Si los grupos habían decidido algo, ese “algo” se respetaba: para no borrar con el codo lo que se escribe con la mano. En ese punto, el viejo cacicazgo hacía que la maquinaria funcione, de manera autoritaria y con todo el peso, pero funcionaba porque la administración es fundamental para que un poder del estado fluya y no se estanque en pugnas intestinas que anulen el ritmo que deben tener las leyes.

¿Cuál es el saldo?

¿Cuál ha sido hasta ahora el aporte legislativo? Casi nulo. Polémica tras polémica la legislatura osciló entre tumbos de casinos y JUCOPO. Ya hay dos iniciativas para cambiar esta Ley: una del Partido Verde y otra del MAS. La democratización no es lo que está mal: es un proceso necesario que deberá afinarse para el próximo Congreso, que deberá tener menos de caos y más de propuestas que mejoren la calidad de vida de todos.

Encorsetar una ley foránea sin ajustarla a los usos y costumbres locales, hacer un “copy paste” al mejor estilo de Eduardo Martínez Arcila, (autor de esta iniciativa) ha sido sin dudas una mala experiencia hasta ahora que puede revertirse. Porque los zapatos pueden ser muy modernos, pero no lucen como en la plaza de un pueblo, como dice la canción…

Cambios a la ley

Actual Ley Orgánica

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* Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social, con postgrado en Opinión Pública por FLACSO y diplomados en La Salle Cancún.

Trabajó en El Siglo de Tucumán, Argentina; agencia EFE México, Luces del Siglo y Periódico Quequi.

Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún. Co-Fundador de Revista Dos Puntos y director general de Grupo Pirámide.

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Luciano Núñez es periodista y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Catamarca, UNCA, Argentina, con postgrado de Opinión Pública por FLACSO. Trabajó en medios de comunicación...