Los hoteleros han logrado un presupuesto histórico que ronda los 1400 millones de pesos para promoción, y un sector empresarial quintanarroense ha frenado la publicación de la iniciativa de reforma de ley que endurece las penalidades a los conductores ebrios: argumentan que existen altos niveles de corrupción.

Parafraseando a Rulfo: “les han dado la tierra», aquí también tiene los trabajadores; y la promoción, gratis.

 

Por Luciano Núñez

Como en la clásica frase de los casinos: “La casa gana”, el sector hotelero/empresarial en Quintana ROo siempre resulta vencedor.

Vayamos a los orígenes de la poderosa industria hotelera. Un libro fundamental para entender la dinámica del meteórico crecimiento de Cancún es el libro Cadenas Hoteleras: Estrategias y territorio en el Caribe Mexicano, de Alfonso de Jesús Jiménez Martínez, editado por Miguel Ángel Porrúa. Allí está la radiografía de su génesis y cómo las cadenas hoteleras obtuvieron amplios beneficios fiscales, cambios de usos de suelo y una laxa legislación laboral para asentarse y ganar y ganar. Como en el cuento de Juan Rulfo, “Nos han dado la tierra”, aquí les fue prácticamente regalada.

A cambio, ofrecieron empleos que, a la larga, se han ido precarizando en eso que denunció tan claramente la gobernadora, Mara Lezama, para pedir que el bienestar sea compartido. Algo que no ha sucedido en décadas a la luz de las hondas brechas de desigualdad que existen.

El hilo se corta por lo más delgado

Vino la primera gran contingencia: la pérdida de arenales tras el paso de huracanes y, quien tuvo que pagar la recuperación de playas, fue el gobierno de los tres órdenes: municipal, estatal y federal.

Luego vino el otro quiebre que fue la Influenza, en el año 2009, que provocó que cerraran los hoteles y miles de trabajadores se quedaron sin empleo. En la pandemia el caso fue aún peor: volvieron a dar la espalda a sus trabajadores, quienes hacen posible nada menos que la industria se mueva; y ahora, han reclamado que existe un déficit de trabajadores, de al menos 20 mil trabajadores, según cifras dadas a conocer por ellos mismos.

¿Por qué los trabajadores deberían empeñar sus vidas y entregar sus pulmones a una industria que, ante el primer cimbronazo, los pone de patitas en la calle?

El líder de los hoteleros, Jesús Almaguer, tiene un puesto al parecer vitalicio. Lleva al menos 4 gobierno estatales en diferentes organismos turísticos, Asociación de Hoteles o Consejo de Promoción Turística, cuyos fondos han sido manejados con el más oscuro hermetismo.

Sin embargo, en la última bravuconada, salieron a pedir dos cosas, ambas millonarias: el pago de la deuda heredada por Carlos Joaquín y, más dinero para promocionar sus propios hoteles, eso sí, con dinero público. Un negocio redondo. El título de su película sería: “Nos han dado la tierra, los trabajadores y también la promoción”.

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Impidieron la publicación de reformas a una iniciativa aprobada por el Congreso del Estado

Ahora, un sector del empresariado ha salido a criticar con dureza una ley que busca reducir el número de pérdidas materiales y humanas, al endurecer las penalidades para quienes conduzcan bajo los efectos del alcohol y otras drogas. Al parecer han logrado que la iniciativa de reforma pase a la congeladora.

¿Tan grande y amplio es el poder de este sector sobre los gobiernos?  Además de lograr un presupuesto histórico para este año, de 700 millones de pesos en el Consejo de Promoción Turística, CPTQRO, obtuvieron un porcentaje del incremento del impuesto al hospedaje, que pasó del 3 al 5 por ciento, y que son algo así como otros 700 millones de pesos.

Ausente el compromiso social

Ciudades como Nueva York, Madrid e incluso la Ciudad de México, han avanzado con encomiables esfuerzos de su sector empresarial por hacer una mejor ciudad: con la remodelación de sectores históricos, las reformas de Madrid para evitar que sus trabajadoras (llamadas Kellis) cuenten con elevadores de cama para realizar este trabajo, debido a que han significado una grave fuente de invalidez en la clase trabajadora, y la reducción de cuartos de hotel por el alto impacto en el entorno ecológico.

¿Será que el desinterés radica en que, buena parte de los empresarios hoteleros, no radica en Quintana Roo? Da la sensación de que la ciudad y sus trabajadores están totalmente dislocados de la clase empresarial, sino es de toda, de una buena y vasta parte de ella. Ahora, el modelo ha visto otra flaqueza con la fortaleza del dólar, el desinterés de los trabajadores y la llegada cada vez más molesta de sargazo, que se suma a la dura competencia de los destinos turísticos de la región. ¿Arremeterán con los trabajadores?

La alianza comunidad/sector hotelero, está claro, y lo ha dicho la gobernadora, no ha sido un ganar/ganar para empresarios y trabajadores. Aquí la hotelería es otro mundo, uno en el que sólo importan las conexiones de aviones, el número de turistas y su promoción; las condiciones laborales y una mejoría en las condiciones de vida de la ciudad, que soporta su industria, van por otro carril: viven en otro planeta, uno en el que la gente viaja en camiones que se caen a pedazos, con sueldos cada vez más precarios y horarios abiertos, cuyas horas extra generalmente no se pagan.

Bonanza ya  tiene un alto costo ecológico

En el año 2021 Quintana Roo tuvo una afluencia de 13 millones de turistas y una derrama de 10 mil millones de dólares; en 2022, la cifra casi se duplicó, con una afluencia de 19 millones de turistas y 19 mil millones de dólares de derrama. El costo ecológico del “turismo de números” ya tiene el primer herido grave: el relleno sanitario no soportó la carga y, según informó la alcaldesa, Ana Paty Peralta, la geo-membrana estaría dañada y arrojando lixiviados a los mantos freáticos. Es decir, tenemos un primer mundo turístico, que es soportado por infraestructura tercermundista, que ni siquiera puede separar la basura para impedir que el relleno sanitario crezca de una forma monstruosa y se colapse en pocos años. Señor Almaguer y secretario de Turismo, Bernardo Cueto, el turismo no sólo vive de la promoción: la basura va a parar a una ciudad que ya no soporta el ritmo del “all inclusive” con cada vez más turismo, de menor derrama económica y un mayor uso de recursos naturales. Algo seguirá fallando si no hay un alto para buscar un punto en el que, no sólo la prosperidad sea compartida, sino los problemas se resuelvan de manera integral.

En conclusión

He escrito sobre ello en anteriores naderías: si las condiciones de la principal industria no mejoran, la prosperidad compartida será siempre una utopía; lo repite desde la Mañanera el presidente Andrés Manuel López Obrador: el capitalismo no ha permeado a todas las clases sociales, tampoco se contagia ni la gotera se filtra a las capas subterráneas: cada vez existe una mayor concentración de recursos y, así, vemos que a un sector cada vez le va mejor. Ahí están los números: se siguen construyendo cientos de cuartos de hotel para llegar casi a los 130 mil en Quintana Roo, pero la infraestructura local va a la saga, muy rezagada, con problemas sociales que crecen, en esta ciudad soporte que había sido diseñada para todas y todos ganen con la vocación turística; en cambio, aquí «la casa pierde», hoteleros y un sector empresarial siempre ganan.

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Luciano Núñez Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Catamarca, Argentina. Postgrado de Opinión Pública por FLACSO y diplomado en géneros periodísticos en La Salle, Cancún, e Historia de Quintana Roo en la Universidad del Caribe y Sociedad Andrés Quintana Roo. 

Trabajó en medios de comunicación de Argentina y México y publicó los libros Voces que Vuelven, Tan Lejos y Otra Vez en Casa y la novela Magnificens Cancún, editada por Miguel Ángel Porrúa

Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún y Solidaridad, Playa del Carmen.  

Actualmente es director general de Grupo Pirámide y Vértice.

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