México vive momentos de alta tensión en el poder judicial con la reformas del sistema.

De más de 1700 jueces juzgadores, más de 850 renunciaron, entre ellos, 8 ministros y ministras de la Suprema Corte de Justicia.

En Quintana Roo todavía no hay pronunciamientos al respecto.

 

 

Por Luciano Núñez

La ciénaga es un lugar de cieno o pantano. El cieno es un lodo blando. Allí, se sabe, hay olores nauseabundos y, por increíble que parezca, también de allí emergen flores.
En un México en el que las noticias malas no dan tregua (también las hay buenas y que nos dan esperanza: como la del coro de Cancún que ganó en Praga): con territorios donde no existe el Estado; con torceduras frecuentes a la ley y con una violencia irracional en muchos ámbitos y niveles sociales, la renuncia de las y los ministros ha sido un mensaje contundente, ético y consecuente con los valores que representan: la justicia.

No pocos abogados que conocen a fondo la reforma constitucional, han analizado que habrá grandes retrocesos en lo que se pensaba era terreno ganado. En particular, los juicios de amparo y la posibilidad de que México siga integrado al escenario internacional, gracias a los avances que supuso un esfuerzo de más de 100 años. Sobre todo, al estar en sintonía con el Pacto San José de Costa Rica y los dictámenes de Corte Internacional de Justicia (CIJ), que pertenece a la ONU. Todo ello desaparecería.

¿Qué pasa en Quintana Roo?

Ahora bien, me preguntaba días atrás: ¿Cuántos de nuestros juzgadores de Quintana Roo renunciarán como una abierta protesta a las modificaciones a la Constitución, sobre todo en lo que respecta a la Supremacía Constitucional? Ni una voz se ha escuchado, salvo las protestas de las y los tratadores de carrera. ¿No existe independencia de poderes?
En cambio, cuando se trató de la reducción de sueldos hubo incluso un recurso legal que interpuso el poder judicial en contra de la Legislatura que buscaba adelgazar gastos.
¿O será que acaso ninguno o ninguna comparte el mismo espíritu de la ley de la que abrevaron 8 de los 11 ministros y ministras de la Suprema Corte de Justicia de la Nación?
Sólo el presidente Heyden Cebada dijo que no sabía si participaría en el proceso electoral para juzgadores. ¿Lo sabrá por estas fechas?

Las elecciones de hoy en Estados Unidos darán un rumbo a la política exterior de México. Sin embargo, ya el embajador Ken Salazar (bajo mandato demócrata) ha dado muestras de que no ha simpatizado para nada la reforma, sobre todo, en los aspectos vitales: la economía. Ningún inversor dejará su patrimonio en manos de una justicia incierta por ahora.
¿Bajo qué parámetro legal participaremos con nuestros principales vecinos? Una gran incógnita se cierne sobre este aspecto, tan inquietante y tenso.

Máximo Décimo Meridio

Si llevamos este dilema a otros terrenos, como el del cine, por ejemplo. Imagine Usted que ha visto una película que es un clásico. Para estar en completa actualidad diremos que es Gladiador. Los productores deciden hacer segunda parte, pero el problema es que el protagonista ha muerto en el guión original. Sin embargo, el mercado espera una película épica y hay quienes están dispuestos a invertir en ella. El dinero manda en el capitalismo.
Insisten en convocar al gran actor que dio vida a Máximo Decimo Meridio: Russell Crowe. Y fue el propio actor el que salió a dar claridad al asunto que, aunque es ficcional, implica un detalle no menor, que es ético. Y por ética se entiende que es el estudio de comportamiento humano, que nos lleva a una línea radical y divisoria entre lo bueno y lo malo. “Como he muerto, no tengo nada que decir al respecto, pero estoy algo incómodo con la idea de que hagan otra película”, dijo. “He escuchado algunas cosas que no se ajustan al viaje moral de cierto personaje. No me corresponde a mí juzgarlo. Estoy muerto y enterrado”.
La película se hizo, pero sin el emblemático actor. Sin apelar a un tratado filosófico, una voz interior nos dice siempre en qué está bien participar y en qué no. ¿Están mis valores alineados con las futuras acciones?, sería la pregunta que el actor resolvió, sin que los millones de dólares en danza le muevan la integridad.

Cambio de guión

Será por eso que los ministros y ministras han decido no seguir bajo otro libreto, uno bajo el cual no están ni cómodos ni de acuerdo; así, rechazan escenificarlo y mucho menos avalarlo. Su medida moral acaba con la Constitución que estudiaron y no con otra, impuesta por otro poder del Estado. Es un durísimo comienzo para la presidenta Claudia Sheinbaum que también debe lidiar con un libreto de otro presidente, que en muchos ámbitos acertó, y bastante; y en otros, prefirió la confrontación o la imposición. Pasarán años para que este nuevo andamiaje se ajuste y para que el fuego que aquí ha iniciado se apague.
¿Pondrías tu vida o la de tus seres queridos en manos de juzgadores con cinco años de experiencia? La pregunta se contesta por sí sola.

Una ministra ha dado una puntada aún más significativa y llevó el reto más allá: renunció a la pensión que por ley le corresponde, la misma que avalaron nuestros legisladores.
Su nombre es Margarita Ríos Farjat. Para ella la Constitución es que conoció y ha desaparecido, como el personaje de Gladiador: está muerta.
Así, no todo en la ciénaga huele mal: hay algunas Margaritas que crecen en ella y nos dejan un mensaje. Sócrates prefirió la cicuta. En el periodismo existe la cláusula de conciencia, porque el velo acomodaticio siempre ha sido una ciénaga sin flor.
Hay, sin dudas, más singularidad en pocos e infrecuentes gestos que nacen en el fango (porque nuestra justicia sí presentaba fallas, groseras algunas) que en la imposición de un cambio de guión que, está visto, muchos actores no están dispuestos a representar por dignidad, un vocablo en vías de extinción.
En tu profesión, ¿has enfrentado un dilema ético parecido?
¿Renunciaste o interpretaste el nuevo rol?

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