En la próxima legislatura el arco político de la 4T tendrá al menos 20 de los 25 votos totales, lo que implica la mayoría calificada, con la cual, puede hacer reformas constitucionales y aprobar sin necesidad de ninguna otra fuerza política.
Por Luciano Núñez
El historiador griego Polibio (203–118 A. C.) predijo, 100 años antes de la caída de la República, que la constitución sería bellísima de nombre –asumirá los de democracia y libertad-, “pero caerá por sus acciones en lo peor”.
Explicaba en Historia que, cuando una constitución ha llegado, tras sortear numerosos peligros, a una inapelable posición de fuerza y supremacía, “es evidente que el bienestar se afincará arraigadamente en su suelo, y que, como consecuencia, la vida se hará en ella mucho más dispendiosa”.
La cita tiene que ver con la nueva configuración del Congreso de Quintana Roo, cuya supremacía es tal que tendrá una abrumadora mayoría calificada, es decir, no requiere de votos de otras fuerzas políticas para hacer, por ejemplo, una reforma constitucional o aprobar o modificar leyes.
La pasada elección -clara, contundente y legítima por donde se mire- le otorgó a la alianza de la llamada 4T nada menos que carro completo en los 15 distritos electorales, y además, tendrán al menos siete espacios más de representación proporcional, hasta ahora, 2 para el Partido Verde y 4 para Morena; es decir, 21 votos de los 25 totales.
Historia reciente
La historia reciente nos revela que un cheque en blanco es demasiado tentador, sobre todo porque, no existe, hoy por hoy, un contrapeso legislativo ni una voz que tenga el peso para aportar a la discusión de la cosa pública.
Fue en el gobierno pasado cuando las y los legisladores aprobaron eliminar candidatos para poder ser beneficiarios de nuevos cargos públicos, algo que reveló en su momento este portal y que tuvo su contramarcha ante el reclamo público: cámaras empresariales, asociaciones civiles y organismos no gubernamentales, no fue producto de un real contrapeso político. Basta mirar a la dirigente del PAN, Reina Tamayo, para saber que nunca hará un posicionamiento que contravenga a la línea política que le dicta la 4T en Quintana Roo.
No menos oprobiosos han sido los mayoriteos en el sexenio de Félix González Canto, cuando fue modificada la Constitución para extender, a 20 años, la residencia requerida para ser gobernador; o, en el quinquenio fallido de Roberto Borge, las sesiones en un hotel para aprobar cuentas públicas de vergüenza y la designación del fiscal por 9 años así como el titular de la Fiscalía administrativa.
Por las cicatrices de la historia reciente, Quintana Roo se encuentra en un peligroso terreno: en de la acumulación de poder. Un poder ilimitado y sumamente riesgoso.
Es por ello que nunca es tan atinada la frase del antiguo adagio del siglo I A.C, que refiere a la espada de Damocles (que se hizo viral por una película de Marvel). «Un gran poder conlleva una gran responsabilidad».
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