
Por Luciano Núñez
Desde Roma antigua se ha designado a los bárbaros como aquellos que vivían fuera de la polis y sin ley. El bárbaro mataba sin miramientos ni castigo porque para ellos la única ley era la ley natural del mas fuerte. En la obra mayor del argentino Domingo Faustino Sarmiento, Facundo, se plantea en su título la dicotomía Civilización y Barbarie. Escrito en 1845 en su exilio en Chile, el periodista que llegó a ser presidente del país sudamericano, muestra la vida de Juan Facundo Quiroga, militar y político gaucho miembro del Partido Federal, que se desempeñó como gobernador y caudillo durante las guerras civiles en las décadas 20 y 30 del Siglo XIX.
En la reseña de Wikipedia, Kimberly Ball describe que la civilización se manifiesta mediante Europa, Norteamérica, las ciudades, los unitarios, el general Paz y Rivadavia; mientras que la barbarie se identifica con América Latina, España, Asia, Oriente Medio, el campo, los federales, Facundo y Rosas.
Los riesgos de cómo llegar al poder
Los acontecimientos suscitados en el Congreso de Quintana Roo, donde un grupo encabezado por la senadora Marybel Villegas entró por la fuerza al recinto no tiene más que el sello de la barbarie. No tenía ningún sentido ni lógica hacerlo por la fuerza: Morena es mayoría y les asistía el número para ubicarse en los espacios que la ciudadanía les ha dado en la elección pasada. Ahí entró en juego el doble filo con el que llegó Morena al poder: acogiendo sobretodo a ex priistas y dudosos elementos de otros partidos con el único afán de sumar votos. Algo no menos penoso se suscitó en la instalación del Senado, donde finalmente Ricardo Monreal se impuso. No es menor revelar que Villegas pertenece a este mismo grupo político, cuya ambición socavó los cimientos de Morena, tanto, que incluso tuvo que salir a contener tanta voracidad su creador y hoy presidente. Amenazó con irse con la marca y dejar a quienes antes destruyeron el PRD y llevaron al PT a niveles de desaparición. Aunque AMLO jamás lo reconozca, son los pecados que cometió para ser presidente y que hoy regresan como pesadillas. En Quintana Roo nos heredó a connotados borgistas que manejarán el Congreso con más de 400 millones de pesos y que no dudarán en usarlos en campañas.
Llegaron el pasado 3 a tomar el Congreso a las patadas como un malón, a romper la ley y crear una crisis institucional. El gobernador Carlos Joaquin González no pudo ofrecer su informe al Congreso, que todavía navega en la incertidumbre fruto de las ansias de controlar el presupuesto y las canongías que ello implica.
Como en el juego de la Oca
No hay forma de que Morena no logre las mejores posiciones: tienen 9 diputados; pero sí hay una distancia muy grande a poder controlar un Congreso que inició dividido y radicalizado por sus mismos conflictos, incluso, con sus aliados PT y Verde.
Como en el juego de la Oca hemos retrocedido varios casilleros y, una muestra del peor pasado político se presentó nuevamente: cuando era el Estado el que perpetraba delitos, la barbarie, la violencia, la violación a la ley.
Aunque todo es cíclico en la vida, y de eso sabían mucho más los mayas, parecemos habernos olvidado muy pronto lo que significaron estos grupos que hoy nos patean la puerta y cínicamente apelan a los derechos de partido, como si la civilización fuese tierra olvidada bajo la cruenta batalla que libran quienes, hasta hace poco, estragaron el Estado con deudas y concesiones malhabidas, tal es el caso de Aguakan. Sería por demás necesario que hoy más que nunca existan los contrapesos y los acuerdos sostengan a la institución.
Quedan tres años de mucha agitación para el cambio del gobierno estatal, y si el gobernador no elige pronto sucesor o sucesora, otros seguirán tejiendo con dinero la próxima barbarie.
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(*) Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social, con postgrado en Opinión Pública por FLACSO y diplomados en La Salle Cancún.
Trabajó en El Siglo de Tucumán, Argentina; agencia EFE México, Luces del Siglo y Periódico Quequi. Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún.
Co-Fundador de Revista Dos Puntos y director general de Grupo Pirámide.
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