
Luciano Núñez
Pacto de Lobos es una película de origen francés de 2001 protagonizada por Samuel Le Bihan, Vincent Cassel y Monica Bellucci. Ambientada en la Francia del Siglo XVIII, narra la investigación que hacen dos experimentados hombres sobre las extrañas muertes que despertaron el terror en la zona campesina.
Los cadáveres parecen con signos de haber sido atacados por una bestia que nadie logra ver ni cazar. No avanzaré más en la historia para no incendiar el encanto que tiene su resolución. Además de una invitación a ver el thriller de impecable narrativa, el título tiene que ver con la cruenta pugna que tiene a México como escenario.
Ni federales ni estatales
La llegada de Andrés Manuel López Obrador, y con él, la puesta en marcha de la Guardia Nacional, no ha menguado en la incidencia delictiva en muchos estados del país, donde las luchas de cárteles siguen más que vivas a un año de su entrada al gobierno. Una de sus propuestas fue dejar la lucha armada por un armisticio que traiga la paz a las tierras asoladas por esta criatura de varias cabezas. Nada ha hecho que la percepción cambie. Quintana Roo ha tenido días oscuros con la caída de policías y el recrudecimiento de la violencia que no ha podido contener el Secretario de Seguridad Pública, Alberto Capella. Durante el gobierno de Roberto Borge, el estado tuvo a Bibiano Villa como un hombre dado a las apariciones mediáticas y también cercano al escándalo. El Mando Único tampoco ha dado los resultados esperados todavía, sobre todo en Zona Norte.
Sin llevamos al campo de las ideas una metáfora que podría llamarse Pacto de Lobos, es lo que ha pedido el pueblo de México: la reo-organización de las células delictivas. En Estados Unidos, país de mayor demanda de narcóticos, la generación y percepción de violencia no presenta picos tan elevados como en México, país que los comercializa. Es decir, la violencia está en el país vendedor más no en el de mayor consumidor en el mundo.
Desarticulación de fuerzas
Los antecedentes dicen que la lucha armada emprendida por Felipe Calderón no dejó más que muertos: una estimación de 100 mil seres humanos. El conteo en Quintana Roo del Semáforo delictivo dice que en un año: septiembre de 2018 a agosto de 2019, hubo 731 ejecuciones. La desarticulación de la Policía Federal ha sido un verdadero problema para estas tierras de mar de ensueño.
La gran expectativa que generó la creación de la Ciudad Militar en la Zona Continental de Isla Mujeres, tampoco ha puesto orden en este estado. Lejos de disminuir los índices, se viven momentos aciagos.
Cuesta decirlo, y mucho más escribirlo, pero el título de esta opinión hace pensar que necesitamos un pacto que traiga paz, que permita que se abran más negocios y que la vida en el Caribe vuelva a ser algo parecido a estar en un verdadero paraíso.
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(*) Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social, con postgrado en Opinión Pública por FLACSO y diplomados en La Salle Cancún.
Trabajó en El Siglo de Tucumán, Argentina; agencia EFE México, Luces del Siglo y Periódico Quequi. Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún.
Co-Fundador de Revista Dos Puntos y director general de Grupo Pirámide.
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