La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, anunció —en su toma de protesta— como la primera gran obra de su gobierno para Quintana Roo la construcción del corredor Cancún-Isla Blanca-Costa Mujeres, que tendrá 25 kilómetros y una inversión de cerca de 3 mil millones de pesos.
Dará mayor movilidad a trabajadores de la industria turística, sin embargo, el entorno ecológico será un reto: allí se encuentra el sistema lagunar Chamochuch, un área natural protegida desde 1999.
Por Luciano Núñez
Cancún fue diseñado bajo el concepto de “ciudad jardín”: con un núcleo cerrado en el que las personas que lo habitaran pudieran encontrar allí todas sus necesidades. El modelo con el tiempo resultó disfuncional. El problema no es que el despacho de arquitectos encargado de la maqueta no supiera cómo hacerlo (Enrique y Agustín Landa-Javier Solórzano), sino que no tenía manera de atinar al éxito que tendría el Desarrollo Integralmente Planeado, CIP.
Cancún desbordó cualquier pronósticos para tener, hoy por hoy, una marca mundialmente reconocida e industria hotelera que supera los 40 mil cuartos de hotel y recibe en su aeropuerto internacional a más de 30 millones de pasajeros.

Sin embargo, detrás de todo este gran éxito proliferaron también los asentamientos irregulares, la aprobación de mini-casitas, la falta de zonas para la disposición final de la basura y una creciente población que sigue creciendo marginada, a un ritmo en el que la infraestructura jamás alcanza a cubrir todos los frentes. Cifras de Coneval de 2024 dicen que en Cancún hay 37 por ciento de personas en la línea de la pobreza y 6 por ciento en la indigencia.
No menor hay sido el daño ecológico: la desaparición de cangrejos azules en la Zona Hotelera; la matanza de coatíes y otras especies que se vieron diezmadas ante el avance del desarrollo inmobiliario, así como una vasta zona de manglares en lo que hoy constituye el mega-desarrollo: Puerto Cancún.
Ahora, con el reciente anuncio de la primera presidenta de México, Claudia Sheinbaum, acerca del nuevo desarrollo que viene para Quintana Roo: la zona de Costa Mujeres, ese espacio conurbado entre Cancún y la Zona Continental de Isla Mujeres: Isla Blanca, surgen preguntas sobre el plan para este corredor, que fue gestionado por la gobernadora Mara Lezama, según informó en un video recientemente subido en sus redes sociales.

Costa Mujeres – Isla Mujeres
De forma subrepticia Costa Mujeres ha ido consolidándose para para conformar una zona exclusiva, incluso, con un gremio hotelero que quiso diferenciar su promoción y estilo, dado que, buena parte del mercado Cancún ha ido asociándose a un turismo de cada vez menor consumo y derrama per cápita.
En ese sentido, Tulum ha logrado posicionarse en un segmento de alto poder adquisitivo al que, se entiende, apuntará esta nueva zona hotelera a la que ya algunos llaman “El nuevo Cancún”.

Se trata de una zona extensa de playas con aguas turquesa y arenas blancas y, al igual que Cancún, con su sistema lagunar Nichupté, éste posee también un sistema lagunar: Chacmochuch, declarado Área Natural Protegida, ANP, durante el gobierno de Joaquín Hendricks Díaz, en cuyo documento se especifica que existe gran cantidad de especies protegidas, entre ellas, mangle rojo, mangle blanco y mangle botoncillo y animales como la iguana rayada, cocodrilo de río, gavilán, zambullidor común, gusanerito, pecarí y ocelote.

Preguntas y más preguntas
La confirmación de la Presidenta no ha pasado por alto a los inversores que ahora pisarán a fondo el acelerador: habrá una carretera de 25 kilómetros con banquetas y ciclovía que conectará toda la zona y, con ello, surgen muchas preguntas: Los arquitectos del nuevo Cancún, ¿estarán midiendo el impacto que tendrá el desarrollo para esta zona?
La zona de apoyo habitacional —que está conformada principalmente por terrenos ejidales—, ¿dará respuesta a una industria que crece a un ritmo desenfrenado?

¿Seguirá funcionando el modelo “all inclusive” (todo incluido) que requiere cada año de más cuartos de hotel a costa de un desgaste ecológico? Los especialistas han afirmado que el turismo masivo mundial deberá regularse, como lo ha hecho Italia, para proteger su patrimonio histórico y el medio ambiente.
Son preguntas que la propia experiencia Cancún debería contestar y poner en el centro de la discusión para no repetir errores. Tropezar de nuevo con la misma piedra sería no haber aprendido nada en 50 años de desarrollo turístico.
Pero viendo el crecimiento anárquico de Tulum, hay evidencias claras de que poco hemos avanzado en la protección del medio ambiente, la fragilidad de los sistemas acuíferos, la legalidad y la falta de planificación.

En los próximos años sabremos si, este nuevo Cancún, supera para bien o para mal al que estamos construyendo, día a día, y que ha mostrado como la luna dos caras de su éxito: una como generador de empleo e inversión, pero también, una amplia zona de marginalidad en la que todavía no ha llegado la prosperidad compartida que alguna vez prometió el plan original, que está visto, fue rebasado en todos sus frentes.
