
Por Alfredo Pacheco
En un entorno económico adverso no hay que perder de vista que la causa está en una epidemia que no pudo ser contenida por el sistema sanitario y que vino a complicar un deteriorado sistema de salud pública que fue perdiendo eficiencia bajo una visión mercantil que no funciono. Quintana Roo, cuya población no presenta los mejores indicadores en distintas enfermedades, tiene el reto de hacer del cuidado de la salud uno de los principales activos que tiene la sociedad para sostener una economía competitiva, esto además de dar viabilidad económica a los tiempos que vivimos significa recuperar un derecho social que quedo sujeto a las leyes del mercado. Atenderlo requiere de apertura y disposición para alejarse de supuestos que no funcionaron y poner a la salud como la prioridad en la agenda de Gobierno de todos los niveles.
Radiografía del problema
Encuestas oficiales ubican al Estado de Quintana Roo entre los primeros siete lugares a nivel nacional en obesidad de adultos, en los primeros cuatro lugares en obesidad infantil y en el segundo lugar en obesidad juvenil (INEGI 2019, ENSANUT 2018). En cuanto a la diabetes, que es la segunda causa de muerte, en el 2019 se tuvo un incremento de 27% de enfermos de tal manera que en nuestra entidad ocurren el 41% de los nuevos casos de la península de Yucatán (SINAVE 2019). Asimismo, mantiene el primer lugar en número de personas por VIH – SIDA en el país y es el segundo lugar nacional por número de contagios (CENSIDA 2019). En lo referente a salud mental el estado se ubica en los seis primeros a nivel nacional con población de más de 15 años que padecen depresión y es uno de los ocho estados en la República Mexicana que no cuenta todavía con un hospital psiquiátrico o con unidades de hospitalización especializada (INEGI 2018).
La drogadicción y el alcoholismo siguen avanzando en la población, pues de acuerdo a la Encuesta Nacional contra las Adicciones, el consumo de drogas alcanza ya al 15% de los habitantes, muy por arriba de la media nacional que es de 9.9%, con un 22% de los jóvenes de secundaria y bachillerato que han consumido ya alguna droga, además el consumo de alcohol se incrementó en los últimos tres años, pasando Quintana Roo de la cuarta posición a la segunda a nivel nacional (ENCODAT 2019). Información oficial señala también a las enfermedades del corazón como la principal causa de mortandad representando 2 de cada 10 fallecimientos mientras que el 15% de niñas y adolescentes de 12 a 18 años de edad han estado embarazadas alguna vez, superando la media nacional que es de 11.5% (INSP 2019). Las estadísticas anteriores dan una idea en su conjunto de los riesgos a la salud que padecen los quintanarroenses que se suma ahora a la contingencia ocasionada por el coronavirus.
La salud como un producto del mercado
Desde el sexenio de Salinas de Gortari el sector salud entro en un proceso de descentralización muchas veces fragmentado y de una privatización de los servicios de salud rentables. El sistema de salud mexicano a 30 años de aplicarse el modelo neoliberal no entrego buenos resultados pues las reformas implementadas no se materializaron en aumento de infraestructura y en la calidad del servicio pues los recursos públicos se limitaron a financiar salud básica, se trasladaron costos de atención a los usuarios y en general hubo un retraimiento del Gobierno en la cuestión sanitaria de tal modo que por ejemplo en camas hospitalarias se paso de 1.2 camas por cada 1000 habitantes en 1994 a una cama por cada 1000 en el 2019, este deterioro se refleja también en el déficit de 200,000 médicos y 300,000 enfermeras y una herencia de 300 hospitales abandonados resultado de la desarticulación gubernamental.
Al mismo tiempo en este período se promovió la participación privada en la que se incrementaron desde los consultorio – farmacia popular hasta los hospitales de alta especialidad, sin embargo, la estrategia implementada no creo servicios de salud privados de calidad, eficientes y accesibles en costo para la clase trabajadora, exacerbando con ello la desigualdad social que quedo en evidencia durante la pandemia, así a manera de ejemplo un empleado en México tiene un ingreso promedio de $6.252 mensual (STPSS 2019) y en la reactivación se expone a una enfermedad cuyo costo de tratamiento en clínicas privadas es a partir de $23,000 pesos, no quedándole opción en caso de contagio que acudir a los sobrecargados servicios públicos a los que le tiene poca confianza o a tratamientos caseros. Lo contradictorio en la coyuntura actual es que las personas de realizan el trabajo operativo que sostiene la economía son las que mas riesgo corren y las que menor ingreso reciben, tales como taxistas, choferes, repartidores, dependientes de farmacias, recogedores de basura, policías, enfermeros, cajeros entre otros.
Cambio de coordenadas
Asumir como normal que la calidad de los servicios de salud que se reciben depende de la capacidad de pago no solo es cuestionable desde un punto de vista ético sino también políticamente insostenible. Revertir décadas de una visión individualista y mercantil requerirá de un cambio de valores necesarios para afrontar la situación actual, pues estamos ante el riesgo de caer en un circulo vicioso de pobreza y deterioro de la salud con la consecuente disminución en la calidad de vida que solo agravaran las de por si preocupantes estadística sanitarias actuales, Ante esta circunstancia el Gobierno del Estado debe reconocer su fragilidad económica resultado de un alto endeudamiento y disminución de ingresos propios y que le será difícil por si mismo reestructurar un sistema de salud integral que le permita atender la necesidades de la clase trabajadora y reconstituir su infraestructura, en ese sentido no hay lugar para el regateo político y conviene alinearse bajo una sola estrategia federal de integración de servicios para de este modo comenzar la dura tarea de la recuperación que le queda por delante.
Por otra parte, el presupuesto mismo del Estado debe pasar por una reestructuración que incremente los recursos destinados a la Secretaría de Salud y a sus programas ya que por varios años estos han sido de los mas bajos en el presupuesto general de egresos, todo esto para beneficio del trabajador sobre cuyos hombros esta la reactivación y que por sus bajos ingresos no puede tomar la salud a su entera responsabilidad, es tiempo de un cambio de coordenadas pues estamos ante un problema sistémico que va mas allá de la responsabilidad individual que aunque muy importante no es suficiente: los indices altos de padecimientos lo demuestra. Se necesita en resumen un estado proactivo y garante del derecho a la salud, lo cual además de ser económicamente redituable es simple y llanamente justicia.
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Twitter: @alfredopacheco
* Maestro en Economía y Administración Pública
