Por Fernando Castro Borges

La música, para el ser humano está presente en cada una de nuestras actividades, la encontramos en festivales, ceremonias, obras de arte e incluso en anuncios de televisión, e incluso se utiliza en pequeñas dosis de música para amenizar ciertos momentos: viajes en el tren, jornadas de estudio, cenas, va inherente a recuerdos.

Somos una sociedad que venera a las melodías y a sus ejecutantes. Contamos con una infinidad de géneros, que satisfacen los gustos de cada uno de los individuos que habitamos este planeta.

De acuerdo con Bono, vocalista de U2, “La música puede cambiar el mundo por que puede cambiar a las personas”; hemos sido testigos de cómo ha evolucionado esta manifestación artística, con innovaciones tecnológicas, con una dosis mayor de complejidad, explorando nuevas dimensiones, pero con una constante: la necesidad de manifestar ideas, sentimientos y acontecimientos.

 

 

Según datos actuales existen plataformas que tienen catálogos impresionantes de contenido musical, tales son los casos de servicio streaming que llegan a los 55 millones de canciones exhibidas como en Deezer, Spotify con 35 millones o YouTube Music con 50 millones dentro de sus plataformas digitales. La música es una composición literaria en movimiento, no se detiene, da identidad a nuestro tiempo y a nuestra circunstancia.

El Himno a Nikkal, es la pieza musical más antigua que se conoce, data del año 1,400 AC. Esta melodía fue encontrada en Ugarit, conocida en la actualidad como Ras Shamura, Siria. Es una región situada en la costa mediterránea al norte de Siria a unos cuantos kilómetros de la ciudad de Latakia. Este punto geográfico del medio Oriente fue fundamental para el florecimiento de una cultura que dotó de grandes contribuciones a la civilización, tanto a la escritura como a la religión sentando bases para el judaísmo, cristianismo y el islamismo.

También conocida como “Hurrian Moonrise”, fue descubierta en 1950, por un grupo de arqueólogos encabezados por el Dr. Emmanuel Laroche, que estaban trabajando en la excavación del palacio de Ugarit. Hallada la pieza en escritura cuneiforme en tablillas fragmentadas y faltar parte de la composición, hizo que dificultase su transcripción, realizada por la doctora Anne Kilmer y conocer esta composición histórica, hasta inicios de la década de los setentas del siglo pasado.

Nikkal, La Diosa del huerto, siempre venerada para que los cultivos fueran prósperos, fue la musa que inspiro a esta composición musical ejecutada con instrumento de cuerdas, hoy la conocemos en una versión de arpas. Esta obra es una súplica para atraer vida a los campos de labranza; la canción cumplió su cometido, La Diosa ha sido bondadosa al entregarnos una cosecha que encontramos en lo más profundo del alma de los seres humanos, dejando testimonio de nuestro paso en el planeta.