
Por Alfredo Pacheco
La puesta en marcha de un nuevo Impuesto al Turista va en contra de posiciones sostenidas por mucho tiempo.
Crear impuestos locales al turismo afectaría a la competitividad del destino.
Además, genera dudas sobre la operatividad en la cobranza y falta saber si estos recursos recolectados alcanzarán a canalizarse a la inversión para la recuperación económica, o quedarse como una mera “transacción contable”, o peor aún, destinarse a mantener una burocracia onerosa.
No crear impuesto a los turistas
Por muchos años el sector turístico defendió como dogma el no aprobar impuestos al turismo con la fijación de competir en base a precio en lugar de la diferenciación.
Aumentar impuestos, se decía, era una mala señal al mercado y ocasionaría perdida de inversión y empleo, una posición compartida por muchos años por las autoridades del ramo en turno.
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Por lo que llama la atención la facilidad con que se dio la aprobación y puesta en marcha de este nuevo cobro sin que hasta ahora se tengan reclamos relevantes en el sector.
Más aún por la poca claridad de los objetivos y de la forma en que se cobra.
Aunque es de reconocer que es pronto para saber qué tanto afectará este cobro la decisión de viaje de los turistas, pues no se puede tomar como referencia las estadísticas y modelos de negocios anteriores a la pandemia.
El turismo se está abriendo en un escenario distinto donde el turista valora aspectos relacionados con la seguridad, la cercanía geográfica y los objetivos de viaje.
Contradictorio y mala señal
Lo contradictorio del asunto es que, mientras el Gobierno del Estado, orillado por su situación financiera, toma esta decisión impensable hace unos meses, la de cobrar por el disfrute de nuestras bellezas naturales.
Por el lado del sector hotelero, las tarifas de Cancán y la Riviera Maya se han desplomado llevando a una bajada de precios en la región.
Más que mala señal lo que se envía son señales contradictorias
Confusos son también los objetivos planteados para aprobar este impuesto descritos en la Ley de Hacienda del Estado de Quintana Roo, donde se menciona que la recolección de este nuevo cobro de 11.77 USD por turista.
“Permitirán al estado de Quintana Roo la generación de empleos y promover la generación de núcleos económicos, por medio de los cuales se produzcan empleos, cuyo principal propulsor será el turismo” [SIC].
Sin que esté claro al final de esta administración que inversiones y pasos se seguirán para logra estos empleos o a través de que programas o acciones.
Todo esto sin entrar a los detalles operativos y la transparencia de su cobro
¿Qué pasa si el turista internacional no paga en su arribo aéreo por Quintana Roo y sale por Yucatán?
¿Y si el turista entra y sale del estado por vía terrestre sin pasar por aeropuertos?
¿Se aplicará también al turismo de cruceros?
¿Se puede validar que los ingresos reportados son de turistas reales?
Con este nuevo cobro a los turistas extranjeros el Gobierno del Estado de Quintana Roo planea recaudar este año 600 millones de pesos adicionales a su presupuesto, si tomamos en cuenta que hace unas semanas se aprobó un nuevo endeudamiento por 820 millones de pesos para la actual administración, lo que tenemos es mayor endeudamiento, una elevación de impuestos y ninguna señal de austeridad en el gasto de la burocracia o proyectos de inversión donde este recurso se aplicaría.
Sin duda, más explicaciones son necesarias.
Alfredo Pacheco
Maestro en Economía y Administración Pública
Twitter: @alfredopacheco
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