Por: Isabel Rosas Martín del Campo

 

Hay una gran diferencia entre proyectar espacios inteligentes a proyectar espacios que generen inteligencia. Si bien la tecnología nos ha permitido desarrollar innovadores dispositivos que, aparentemente, nos hacen la vida más fácil, también logran que el hombre se mantenga en un estado pasivo. Esto se lo debemos a los, cada vez más recurrentes, recursos cibernéticos, que nos ofrecen la implementación de dispositivos y aplicaciones digitales que activan inteligencia artificial en los elementos que complementan los entornos y ambientes habitables. Puede ser desde iluminación automatizada, hasta una voz con la que puedes platicar y preguntar lo que sea, sabiendo que te va a contestar, quizá para sentirte acompañado y divertido, aunque en tu habitación contigua se encuentren los demás miembros de la familia, platicando a su vez, con otros aparatos inteligentes.

En su libro Saber ver arquitectura, Bruno Zevi, nos habla de la belleza y de la fealdad y de como las personas estamos acostumbradas a dar por hecho que un lugar es bello y feo porque lo miramos, esto lo refiere cuando dice: “La arquitectura bella será la arquitectura que tiene un espacio interno que nos atrae, nos eleva, nos subyuga espiritualmente. La arquitectura fea, será aquella que tiene un espacio interno que nos molesta y nos repele”. Zevi, evidentemente nos habla de aquello que no se percibe con la mirada de los ojos, únicamente, sino con la mirada de todos los sentidos que han sido estimulados cuando han percibido del espacio su, luz, su aroma, su clima, sus colores, su aire; generando evidentes sensaciones que al ser decodificadas por la mente serán trasformadas en sentimientos.

 

 

Por eso, la Neuroarquitectura es una línea de estudio que, en estos momentos que vivimos tan fuera de lo común y de lo normal, es una gran estrategia para abordar el acto creativo desde pautas que van más allá de lo evidente, de lo deductivo y de lo razonable. Entra en juego lo inductivo del pensamiento, sus juegos mentales inherentes al espíritu; donde la subjetividad del usuario, por primera vez, logra verse con la misma objetividad con que se estudia el organismo del hombre. Sucede que la Neuroarquitectura estudia al habitante dentro del espacio que lo envuelve a través de lo que percibe. Por el medio de todos los sentidos se genera una experiencia que a su vez genera un estado emocional que va a inferir de manera paralela en su salud mental, sea la física o la Psicológica. Desafortunadamente, en la mayoría de los casos cuando estos resultados son negativos son muy pocas las veces que se dictaminan como consecuencias del anti-espacio (el vacío espacial) concretamente. Atribuyendo las causas en su mayoría al ambiente sí, pero al ambiente intrafamiliar, perspectivado hacia las relaciones interpersonales humanas en cuyo caso en esta circunstancia también está implicado el propio lugar como dispositivo de emociones y sentimientos no solo de acciones dinámicas motoras.

Sin lugar a duda, el espacio familiar, que es donde hoy nos mantenemos confinados ha adquirido un protagonismo inusitado, pero, no exclusivamente para los arquitectos, que son los creadores espaciales por antonomasia, sino por los propios habitantes. Quienes de pronto, han aprendido a escuchar las voces de los muros, del mobiliario, de los adornos, de las ventanas o de los jardines inexistentes de una forma más íntima. Incluso cómo he oído de varios, han descubierto rincones que se mantenían desolados o recuperado terrazas y balcones que solo eran una especie de bodegas, ahora han sido motivo de encuentro humano entrañable de fiesta o reunión en familia. Los armarios y lugares de guardado han ido develando poco a poco recuerdos que estaban en el olvido de la memoria.

 

 

Estos hechos nos demuestran la importancia de la subjetividad humana donde se encuentran sus estados emocionales y de salud. Los instantes inciden en el sistema nervioso al grado de deprimir el sistema inmunológico, pero el instinto de sobrevivencia se activa inmediatamente, tejiendo redes neuronales, gracias a la plasticidad cerebral, para buscar la adaptación como un acto primigenio de evolución para sobrevivir.

La realidad que nos ocupa nos está exigiendo evolucionar, re-adaptarnos y justo en este punto la filosofía de las erres es la que ha logrado que, hasta el momento, pese a las dificultades de la distancia social, sigamos sonriendo, cantando, bromeando, orando. Se ha re-conocido el espacio y esto no ha sido por el órgano de la vista, el cual mantiene cierta hegemonía, sino por la importancia de las emociones y de las sensaciones que son las que definen las subjetividades del hombre y que sirven para saber qué necesita crear en su realidad objetual. Se han implementado en las casas, en los lugares de trabajo, en las tiendas, por ejemplo, variados mecanismos para resolver la distancia social o para mantenernos libres de contagio. La creatividad surge de manera espontánea, variados diseños de cubrebocas, de máscaras, accesos en cada lugar modificados.

Para los arquitectos resolver en adelante los espacios, con un re-conocimiento de habitabilidad, debe surgir no por el coronavirus que hoy nos ataca, este sólo ha sido el punto de inflexión, sino porque los problemas de vivienda han estado allí perpetua y consecutivamente analizándolos desde lo objetual en la mayor parte de los casos. Hoy los arquitectos que no atiendan, antes de trazar una línea, al análisis superior del usuario, no desde sus necesidades objetivas y concretas sino desde sus experiencias espaciales y niveles de pensamiento superiores, continuarán resolviendo el espacio sin un re-conocimiento. Para comprender que la experiencia espacial, no siempre es igual para todos, aunque se viva en construcciones diseñadas por arquitectos; esto es evidente en las casas estandarizadas masivas las cuales son proyectadas por el departamento de diseño de cada desarrolladora inmobiliaria (con arquitectos como equipo de trabajo). Por eso, el que el coronavirus haya llegado, que sea para hacernos reflexionar en el hecho de que la arquitectura se ha vuelto un hecho de exclusividades y desdibujado como un hecho antropológico, psicológico, sociológico, fisiológico que resuelve la existencia del ser humano resguardada a través de lo arquitectónico, pero de ninguna manera al revés. Ya estamos comprobando como un objeto arquitectónico no necesariamente resuelve un problema. En este caso la vivienda.

 

 

El estudio de la Neuroarquitectura previo al hecho arquitectónico, logra hacer conciencia de que el espacio debe de ser un amplio RECONOCIMIENTO HACIA LOS DEMÁS. Pues hoy estamos viviendo un amplio proceso de re-adaptación existencial. La Neuroarquitectura es una estrategia de conocimiento neurálgica ya que mejora las experiencias vivenciales a partir de conocer la mente del ser, para proyectar espacios que nos permitan EVOLUCIONAR. Hoy el arquitecto debe ser Neurarquitecto capaz de leer y analizar los conocimientos derivados del pensamiento del hombre, para crear un puente entre el conocimiento del cerebro y el conocimiento del espacio.

 

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(*) Isabel Rosas Martín del Campo es arquitecta, tiene una maestría en escritura creativa y actualmente estudia un doctorado en filosofía del pensamiento complejo. Su consigna es el estudio profundo del ser humano dentro del espacio arquitectónico como existencia. Es catedrática universitaria, capacitadora certificada, docente certificada para la asignatura de temas de arquitectura y es conferencista en Neuroarquitectura.

Vive en Cancún desde hace veintiocho años.

 

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