Por David Lara Catalán

Jesús Conill (Profesor de filosofía en Valencia) publicó un libro en 2021 acerca de las genealogías de la razón, y presenta en su libro algunas preguntas retadoras, a saber: ¿Vale la pena hablar de la razón a estas alturas de la historia? ¿No es más importante tener poder que tener razón?

Me parece que desde estas dos cuestiones se pueden plantear algunas ideas a lo largo de estas líneas; ideas que, por lo demás, no tienen otra intención que invitar a la reflexión.

Desde luego, también es posible preguntarnos acerca de la utilidad de la reflexión, es decir, de los actos reflexivos, en nuestras sociedades más interesadas en consumir que en pensar.

Tres escenarios

Tengo tres escenarios que pueden ejemplificar la importancia de la razón o de su lado oscuro, es decir, lo otro de la razón, -el lado oscuro de la razón puede ejemplificarse con figuras como el irrespeto o la falta de solidaridad ante el dolor ajeno-.

El primer escenario es la tragedia vivida en Valencia, España. Es lamentable observar la inmensa tragedia que miles de personas han vivido, las pérdidas físicas y humanas que, más allá de lo cuantificable, generan dolor y frustración en muchas familias. Quiero destacar los reclamos que la población ha hecho a los reyes de España, al presidente de ese país y a la clase política, respecto a que no reaccionaron ni parecieron interesarse en dar inmediata atención a las víctimas de tal tragedia.

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Por cierto, a pesar de la tragedia, la Liga de futbol española no suspendió la jornada futbolera a nivel nacional. El negocio es el negocio. La solidaridad y el interés por el dolor ajeno son temas para mejor ocasión.

El segundo escenario es en México. La aprobación a la reforma judicial que permitirá que se elijan, en 2025 y 2027, 1,700 cargos judiciales a nivel federal y estatal, por voto popular.

Por tanto, la población mexicana podrá decidir a quién quieren como juez en todas las materias de los tribunales, tal y como si la población fuera experta en temas de derecho y de justicia.

Los postulantes deberán cumplir algunos requisitos tales como: tener título profesional en Derecho, promedio mínimo de 8 en la licenciatura, promedio de 9 en las áreas relacionadas al puesto que se postula, experiencia profesional de cinco años y, lo más relevante, cinco cartas de recomendación.

El tercer escenario es el reciente proceso electoral en los Estados Unidos. Ha ganado un personaje que ya fue presidente, que ha sido acusado y encontrado culpable de varios delitos, y ha ganado sin dejar duda de que cuenta con el apoyo popular.

Las acciones políticas que pueda tomar en los próximos años preocupan a muchos países y, desde luego, a muchos estados dentro de los Estados Unidos. A nivel internacional habrá que estar atento con la guerra entre Ucrania y Rusia, el conflicto entre Israel y Palestina, con los indocumentados viviendo en los Estados Unidos que han sido amenazados con una deportación masiva.

A nivel local, cito el caso de California, donde el discurso del presidente electo ha enfatizado cortar fondos para las escuelas que protegen a estudiantes transgénero y que promueven diversidad, equidad e inclusión en sus programas.

El gobernador Gavin Newsom declaró el mes pasado que Trump quitaría alrededor de $7.9 billones de los fondos escolares si no se hace lo que el presidente electo quiere. Por cierto; la facultad que, como titular del poder Ejecutivo, tiene el presidente de los Estados Unidos le permitiría auto otorgarse el perdón. Es decir, borrón y cuenta nueva. Ante estos tres escenarios, las preguntas de Jesús Conill son relevantes: ¿Vale la pena hablar de la razón a estas alturas de la historia? ¿No es más importante tener poder que tener razón?

El poder es seductor, y las razones permeadas en acciones de justicia, solidaridad, respeto, equidad, interés por un bienestar común palidecen ante la fuerza del poder que, irónicamente, los propios ciudadanos otorgan sus gobiernos.