
Por Hugo Alday Nieto
Durante cinco décadas, nuestro destino turístico se forjó como el más importante cetro de atracción para viajeros nacionales y extranjeros en México, con inversiones públicas y privadas, nacionales y extranjeras, obviamente no exentas de diezmos o cochupos de los tres niveles de gobierno con la venia de empresarios ávidos de comenzar sus operaciones económicas.
Así, las generaciones siguientes de empresarios y políticos aprendieron a vivir de un sistema sostenido a través de una simbiosis sustentada en la corrupción, “tu haces como cumples y yo como que esta todo bien” de la misma forma en que lo explica José Agustin en su “Tragicomedia mexicana”.
Sin embargo, una vez que los poderes fácticos creados a la luz de toda esta cadena de favores, como sindicatos, líderes de colonias, líderes ejidales, líderes empresariales, vacas sagradas de la política y de la sociedad, poco a poco dejaron de ser “todopoderosos” con la llegada de la 4T encabezada por Andrés Manuel López Obrador y sus respectivos representantes en este municipio, las cosas empezaron entonces a incomodarles.
Comenzaron muchos de ellos a levantar la voz por la falta de su diezmo acostumbrado, o por la falta de su lugar apartado hasta el frente del evento, o de la no exención de sus deudas, y en la mayoría de los casos, por la mera observancia de la Ley por parte de la autoridad municipal en un espacio en el que la voluntad política trascendía el Estado de Derecho.
Hoy, se tienen deudas impagables por créditos contraídos en el pasado cuyo ejercicio se desconoce. Se tienen concesiones de todos los servicios públicos que generan ingresos a favor de amigos y compadres de alcaldes y gobernadores anteriores que fueron autorizadas por las legislaturas en turno sin importarles un comino la situación de los ciudadanos.
Hoy, contamos con decenas de miles de personas en asentamientos irregulares que, con la promesa de campaña de decenas de candidatos de los partidos tradicionales fueron llevados a invadir predios que 20 o 30 años después siguen en estado de irregularidad, en litigio y sin servicios.

Hoy, estamos en un periodo de alerta por la contaminación de los ríos subterráneos y la grave situación de los arrecifes por la falta de drenajes que durante cinco décadas fue permitido por los gobernantes emanados de los partidos tradicionales en un claro ejemplo de inobservancia de la Ley en materia de desarrollo urbano y ecología.
Hoy, quienes tenemos la responsabilidad histórica de formar parte de esta administración municipal, estamos conteniendo cincuenta años de ilegalidad en materia de desarrollo urbano clausurando más de 15,000 lotes irregulares en venta que no contaban con autorizaciones ni permisos, y mucho menos con drenajes.
Hoy, quienes estamos convencidos de que el Estado de Derecho debe privilegiarse, estamos pugnando para regularizar colonias con añejos problemas que requieren atención jurídica y política. Que requieren atención, tiempo e interés por resolver problemas, sin esperar nada a cambio.

Sin embargo, las reminiscencias del pasado salen a flote, ya que todos los días al pretender aplicar la Ley, al más puro estilo de “Gonzalo N. Santos” aparecen los que expresamente manifiestan que esperan la llegada de los partidos tradicionales anteriores para seguir contaminando nuestra agua, nuestros arrecifes y para seguir defraudando a todos aquellos que pretenden tener una oportunidad de vivir en el paraíso.
Este, es un solo tema en un municipio muy joven como el nuestro, pero la huella de la corrupción es tan profunda en México, ha calado tan hondo en los mexicanos, que es más grave la situación en otras entidades en las que se sigue luchando contra la corrupción y los poderes fácticos que tanto daño han hecho a México y que ahora, a marchas forzadas buscan culpar a una administración por todas las décadas de corrupción y violencia que hemos vivido.
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*Abogado, maestro en Derecho empresarial por la U. Del Mayab. Maestro en Propiedad Intelectual e Industrial y Derecho de la Competencia por la U. De Alicante, España. Experto en Arbitraje de Marcas y Nombres de Dominio por la OMPI, en Ginebra, Suiza.
