Alfredo Pacheco

 

Por Alfredo Pacheco

En cuanto a salud pública, la reapertura en Quintana Roo ha fallado. El estado es el tercer lugar a nivel nacional en incidencia de contagios por cada 100 mil habitantes y mantiene una tendencia a la alza en sus principales ciudades.

Se privilegió la apertura económica anticipada a costa de disminuir la curva de transmisión y ahora con el centro y sur de Quintana Roo regresando al semáforo rojo entramos a un escenario riesgoso que nadie hubiera deseado, es corresponsabilidad de todos recomponer el camino y hacer la autocrítica que nos permita proteger la salud y mitigar el impacto económico.

 

Turismo: prioridad para el estado, no para el turista

 

La economía de Quintana Roo depende en exceso del turismo, pero el turista puede prescindir de los viajes ante eventualidades. La caída de la aviación nos muestra que no existe todavía la confianza para viajar.

Para el turista, las actividades esenciales tienen que ver con los alimentos, la salud y los servicios básicos. En este momento, la pandemia y el riesgo de contagio es una realidad que viven de manera cercana los habitantes de las ciudades más grandes del país. Podemos cambiar la definición de lo que es esencial y pretender modificar la percepción de seguridad al turista, pero como quedó demostrado, eso solo nos alejaría de la realidad porque la pandemia seguirá avanzando implacablemente.

 

Sin salud no hay economía

A finales de mayo los líderes hoteleros del norte de Quintana Roo iniciaron una campaña para hacer regresar al turismo. Su objetivo era “volver a la normalidad turística”, asumiendo —más con buenos deseos que con datos que lo justifiquen— que si somos de los primeros destinos que se reactiven, la recuperación sería más rápida.

Así, teniendo a modo un semáforo naranja cuando el resto del país estaba en rojo y en el pico de la pandemia, se coordinaron con las aerolíneas para iniciar paquetes de viaje mucho antes que otros destinos nacionales e internacionales. Al 13 de junio, a un mes de esta apertura, el número de casos positivos creció en un 144 por ciento, con los hospitales del centro y sur de Quintana Roo acercándose al 100 por ciento de su capacidad y una curva de contagio a nivel estatal que no disminuye.

En contraparte, la ocupación de los hoteles abiertos sigue manteniéndose en niveles de 20 a 30 por ciento, con el agravante de que el crecimiento constante del COVID-19 no ayudará para tener mejores números en el verano. La campaña de apertura de los hoteleros basada en una fuerte presencia en medios digitales y descuentos agresivos podría haber funcionado antes de la actual contingencia sanitaria, sin embargo ahora la mente del viajero está en la seguridad.

¿Hubiera sido mejor esperar un mes hasta que la curva de contagio nacional disminuya? ¿Por qué no confiar en el alto valor del producto turístico y aperturar junto con los mercados emisivos nacionales

Belice, que se dirige al mismo mercado norteamericano, entró en cuarentena el 11 de abril y se reabrirá al turismo en agosto, esperando mejores condiciones. Los destinos europeos entraron en cuarentena a mediados de marzo y se abrieron gradualmente desde mediados de junio, pero solo al mercado europeo, con quien comparten situación epidemiológica similar; la sincronización entre el mercado emisor y receptor es el criterio de apertura que están tomando para sus destinos.

 

Indispensable vigilancia de la salud pública

 

En Asia, pandemias recientes del SARS y H1N1 dejaron una cultura de prevención, por algo los principales países de ese continente han lograron controlar los contagios del COVID-19 y sostener la economía. Esta es la cultura que se requiere fortalecer y se basa en la disciplina y la conciencia para aplicar protocolos de limpieza, protección y distancia social.

Ante la apremiante necesidad económica, somos testigos de la anarquía con que se están implementando estas medidas. Desde la saturación de las combis del transporte público, hasta la aglomeración en sucursales bancarias y el mal uso del cubrebocas

No podemos confiarnos a que todo esto se haga correctamente sin asistencia y supervisión. La continuidad de la apertura depende de verificar que los espacios de más afluencia estén cumpliendo estrictamente las medidas; no hay margen para el error si queremos disminuir la curva de contagio.

Los resultados de no supervisar ni capacitar están a la vista: una pandemia que crece, que amenaza la disponibilidad de espacios en los hospitales, y una economía incierta. Las iniciativas de prevención deben acompañarse con una operación coordinada y de mayor alcance entre las instituciones encargadas y los gobiernos municipales, así como asistencia permanente para implementar protocolos. La vigilancia de la salud pública es una responsabilidad ineludible de los tres niveles de gobierno y el único camino por el momento para conciliar la economía con la salud.

 

Mitigar el impacto económico

 

El estudio “Mortalidad por COVID-19 en México: Notas preliminares para un perfil sociodemográfico – UNAM” muestra que la mayor pérdida de vidas están en la población más pobre y menos educada. En Quintana Roo, esto puede comprobarse al revisar la aplicación geoportal.qroo.gob.mx: la presencia del virus predomina en las colonias populares.

Si bien es cierto que la recuperación del empleo es una de las banderas utilizadas en la precipitada reapertura de junio, reconozcamos que solo el 17 por ciento de la población económicamente activa está contratada en centros de hospedaje. Además, por el momento, los que están abiertos tienen límites de capacidad de hasta el 30 por ciento, por lo que su impacto en el empleo es limitado en el corto plazo, además de que la mayor parte de la población en pobreza en el estado no esta vinculada directamente al turismo.

A pesar de que las transferencias del Gobierno Federal y las miles de ayudas en despensa por el Gobierno de Quintana Roo han contribuido a mantener la estabilidad social, estas son insuficientes para la magnitud del problema. Ya que no es posible reactivar plenamente la actividad económica a través del turismo, y ante el crecimiento que se prevé de la población en situación de pobreza, urge una política social de amortiguación, reforzando los programas de alimentación básica como entregas regulares de despensas, programas de huertos urbanos, comedores comunitarios y vinculación de la producción rural a las ciudades.

 

La nueva realidad

 

En medio de una crisis sanitaria y económica para la que nadie estaba preparado, en Quintana Roo no se han rebasado los sistemas de salud y se mantiene la estabilidad social, pero no se logrado el objetivo de disminuir la curva de contagio.

Asumiendo que no regresaremos a la forma de vida de antes de la pandemia y que la realidad se irá transformando por los cambios sociales y económicos que de esta se deriven, lo mejor por ahora es enfocarse en los esfuerzos de mitigación de sus efectos en la población vulnerable.

Si queremos recuperar la economía basada en turismo necesitamos un manejo correcto de la pandemia medida en términos de la reducción del contagio, en esto se basa la nueva competitividad.

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Twitter: @alfredopacheco

* Maestro en Economía y Administración Pública

 

 

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Opinión | Quintana Roo y el turismo post COVID19