Una multitud de mujeres sobre el pavimento, simulando estar muertas, es la imagen que permanecerá en la retina de quienes presenciaron el acto simbólico. Algunas en silencio y otras sollozando por alguna víctima conocida, las miles de mujeres que tomaron las calles principales de Cancún durante la marcha del 8 de marzo, se hicieron escuchar contundentemente.
Tras unos minutos de silencio, fueron “reviviendo” poco a poco, en medio de un ambiente festivo pero con un dejo de nostalgia e impotencia. El contingente continuó su movilidad sobre la avenida Tulum hacia la más icónica glorieta de la ciudad, conocida como “El Ceviche”, punto culminante de la marcha.
Media hora antes, el contingente teñido de luto fue haciéndose cada vez más numeroso, y de él nacieron colores verdes y morados, en medio de pancartas con frases que albergaban un inmenso dolor y consignas que se elevaban en una sola voz sobre el ambiente. Fiel a la convocatoria, la multitud no discriminó edades, géneros ni nacionalidades.
El orden se mantuvo sin mucho sobresalto durante toda la marcha: hasta adelante las mujeres y familiares de las víctimas, detrás de ellas, las mujeres en general, luego, la diversidad sexual, y los últimos dos grupos serían mixtos e institucionales. A pesar de los presagios, ni siquiera se asomaron tintes partidistas o de intereses particulares, o al menos, no de una manera relevante.

Consignas como “Mujer, escucha, únete a la lucha”, “Ni una más, ni una más, ni una asesinada más”, “El Estado opresor es un macho violador”, se dejaron escuchar una y otra vez entre la multitud, junto con tambores de batucada, aplausos y gritos festivos con los que el ánimo se mantuvo en alto, a pesar del triste trasfondo del levantamiento.
Al llegar al punto final del recorrido, el contingente formado por más de 4 mil personas -mayormente mujeres-, se congregó por encima y los alrededores de la fuente “Fantasía Caribeña”, donde determinaron que no habría vandalismo -como algún sector minoritario pedía- y en cambio leyeron un pronunciamiento que cimbró e hizo reventar en gritos y aplausos a las concurrentes en múltiples ocasiones.
Hablaron de autoridades indolentes, de alarmantes cifras de mujeres víctimas de la violencia, de la urgencia para la sensibilización en perspectiva de género, entre otras cosas. Varios grupos tomaron el megáfono y se hicieron escuchar, mientras los hombres permanecían en silencio, respetando este movimiento que es netamente de las mujeres.
Luego, bajo una luna llena que se alzaba sobre las luces de la ciudad, el contingente se fue desintegrando tal cual se formó. Se apagaron las consignas, se fueron las pancartas, pero el luto se quedó flotando en espera de una respuesta.













