«Para los psicólogos soy un chamán y para los chamanes soy un psicólogo», confiesa entre risas J. A. López, autor del libro Teotecnia, universo en primera persona, que le significó alrededor de 10 años de investigación profunda.

Sin embargo, reconoce que es precisamente este encuentro de dos mundos lo que le permitió desarrollar una teoría compuesta de habilidades para construirse a sí mismo y transformar nuestra realidad a partir de la cosmovisión ancestral náhuatl, pero con fundamentos de neuropsicología.

En entrevista telefónica con Grupo Pirámide, J. A. López habla del nacimiento de esta teoría, que surgió de las experiencias conjuntas de vivir en el corazón de la selva maya, el trabajo entre el servicio público y la iniciativa privada, pasando por la experimentación con psicotrópicos y un prolífico análisis académico en diversas ramas de la psicología.

En medio de la selva

J. A. López estudiaba Derecho, pero una seria enfermedad —que inicialmente fue diagnosticada como un tumor— le hizo replantearse todo lo que estaba haciendo con su vida. Decidió abandonar esa carrera y certificarse como instructor de yoga: un giro de 180 grados que en algún momento lo llevó a Nayarit, donde vivió una de las peores experiencias de su vida debido al uso de psicotrópicos.

«Era un hippie, vivía de dar clases de yoga, sesiones de meditación, viajaba… tiré mis responsabilidades y estaba disfrutando, pero ese camino desequilibrado, más que encontrarme, me estaba perdiendo», reconoce.

Justo en ese momento de su vida conoció a Don Bartolomé, un sacerdote maya —Ah men, «hombre de conocimiento»— que dio una conferencia sobre la cosmovisión de sus ancestros, la simbología de sus rituales y demás significados que interesaron mucho al hoy autor de Teotecnia. Al término de la charla, se acercó a hablar con él y este le indicó que lo visitara en su pueblo, dentro de la selva yucateca.

«Con mi maestro el Ah’men, hace ya muchos años…
En ese claro hacía las ceremonias, ahí estudiaba los patrones de movimiento en la jícara celeste y me enseñaba. En ese momento se estaba orientando el altar para el Kili’ich K’áak’ (ceremonia de fuego sagrado)».

Lo que fuera una visita, eventualmente se convirtió en una estancia de varios meses en medio de la selva maya. J. A. López se convirtió en pupilo de Don Bartolomé, con quien aprendió de herbolaria maya y cosmogonía; además de tener la oportunidad de reconstruirse a sí mismo y recomponer todo lo que abrió de manera errónea utilizando psicotrópicos.

«Lo que hizo conmigo fue una terapia. Me ayudó a soltar mucho de mi importancia personal y después ayudar a reconstruirme. Me mostró un entendimiento de un hombre fundido en la naturaleza, que es un cuerpo vivo, parte de los elementos», recuerda.

Tras varias semanas, el hombre de conocimiento le dijo que estaba listo para regresar a su vida cotidiana, bajo una advertencia: «con lo que sabes ahora te tienes que ir a practicar, con el trabajo que hagas te harás la base de tu pirámide».

Fue entonces que decidió estudiar psicología clínica y especializarse en neuropsicología. Cuenta que la idea de estudiar psicología le llegó analizando la estructura de una palapa: para construir una pirámide es necesaria una base cuadrada —el mundo físico, de trabajo en sociedad— junto con la esférica —la espiritualidad—. Solo así se puede construir hacia arriba, alinear y complementar conocimientos, afirma.

Construirse a sí mismo

Estudiar psicología para J. A. López fue adentrarse en un mundo de conocimientos sobre el cerebro humano y el comportamiento de las personas. La corriente cognitivo-conductual, a pesar de ser considerada «fría» por ver al ser humano como un organismo biológico que se puede programar, le dio una de las bases de lo que hoy es su teoría.

«Desde la ciencia, somos la información que absorbemos desde la niñez, somos un costal de huesos que se puede programar, y desde la cosmovisión maya, somos un ser que nació con una conciencia incompleta que llenamos de conocimiento», explica.

De ahí que toda la primera parte de su libro esté dedicada a explicar la ciencia detrás del pensamiento humano, todas las conexiones cerebrales que nos hacen funcionar como somos y, finalmente, ser quienes somos; luego, viene todo el conocimiento ancestral sobre el ser humano para tratar de integrarse en una especie de «espiritualidad científica».

Monje tibetano en meditación. Foto: Pixabay/Ama_Dam_Vila

Explica que, en términos de neurociencia, cualquier creencia es verdadera y puede modificar la mente de quien la profesa. «Puedes checar el cerebro de una monja carmelita o de un monje tibetano, ellos pueden alterar el funcionamiento de su cerebro. Si creas tu propio sistema de creencias cuya finalidad sea construirte a ti mismo para construir tu espiritualidad, vas a construir tus propias herramientas que te pueden ayudar a tu realidad», afirma.

Sobre el nombre del libro, explica que tomó dos conceptos que constituyen los fundamentos de su teoría: por un lado, téotl, que proviene del náhuatl y significa fuerza o energía y la raíz grecolatina téchnikos, que se refiere a una habilidad. «La habilidad para crear nuestra téotl«, señala J. A. López.

«Yo no quiero que lo vean como ‘un chamán más’. Me ordené con este sacerdote y luego estudié psicología para poder hacer este tratado. Me gusta que se tome en serio lo que estoy proponiendo. Tanto la cuestión de mis términos científicos como la investigación del náhuatl, no son del blog del new age en internet, son fuentes de gente que dedicó su vida a investigar la filosofía náhuatl», asevera.

Al hablar de la cosmogonía ancestral, su voz se llena de emoción. Habla fluidamente sobre los términos y teorías como la toltecáyotl, a la que define como un arte para vivir, la filosofía madre donde se criaron otros sistemas para criar y educar a las personas.

Explica que la razón por la que las antiguas civilizaciones mezclaban el conocimiento científico con la espiritualidad es porque cuando el pensamiento y la emoción se funden en una creencia, tienen más impacto en la realidad de quien la percibe.

Para él mismo, construir su realidad significaba no solamente escribir el libro, sino verlo publicado y que la gente lo leyera. Ver que su trabajo transformara la vida de las personas.

Presentación de «Teotecnia, el universo en primera persona» en la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) encabezada por el doctor Jorge Navarrete, psicólogo y doctor en educación. «Su opinión fue muy importante para mí porque me dijo que (el libro) tiene un sustento que da mucho valor», recuerda el autor.

Trascender las fronteras

Tras terminar sus estudios, J. A. López trabajó en el servicio público y la iniciativa privada, con un período en el que tuvo su propia clínica. Trabajó en el Instituto Municipal de la Mujer, dando terapia a mujeres de escasos recursos, contacto que lo sensibilizó y le hizo entender que mucha gente solamente necesita conocer algunos conceptos para poder construirse a sí misma.

Luego se dedicó a la clínica particular, a la psicología motivacional con un entrenador deportivo y luego al área de recursos humanos de una cadena hotelera. Todo el tiempo mantuvo ese contacto con la gente, sus problemáticas y formas de vivir.

J. A. López explica que se propuso como meta terminar su libro antes del que naciera su hija, en abril de 2018. Logró acabarlo en enero de ese año y a partir de ahí comenzó el viacrucis del registro de derechos de autor y la publicación, que implicó decenas de rechazos editoriales hasta que una editorial en Madrid, España lo tomó en cuenta y el libro vio la luz en marzo de 2019.

«Logré por lo menos sembrar la duda o interés por nuestras raíces. A mí eso me hace sentir muy satisfecho, porque no solamente estoy buscando algo nuevo para la psicología sino verlo desde lo mexicano y desde nuestra raíz», dice J. A. López.

El nacimiento de su hija le hizo repensar su situación y decidió mudarse a un lugar más tranquilo para que ella creciera sin el bullicio de una ciudad como Cancún; fue que retomó la clínica y se mudó a Valladolid, Yucatán, donde puso un centro de terapia en tanques de flotación. Fue ahí donde finalmente pudo concentrarse consolidar los efectos de su libro.

Lamentablemente, su emprendimiento en terapia psicológica fue otra de las víctimas mortales del COVID-19. A pesar de ello, se muestra positivo y dice estar en espera de otros tiempos. En ese sentido, recomienda su fórmula personal: estar informado y respetar las medidas sanitarias, pero sin dejar entrar la contaminación espiritual para que no afecte la química del cuerpo. Dejar de lado la paranoia, cuidar la alimentación y procurar tener contacto con la luz solar.

Inicialmente reacio a las redes sociales, el especialista se vio casi «obligado» a acercarse a ellas para dar a conocer su obra; actualmente dice sentirse muy a gusto con Twitter, lo que le ha ayudado a conocer a mucha gente que ya utiliza la Teotecnia para reconstruirse.

«Agradezco que lo abrí porque he conocido gente maravillosa. Hubo un movimiento orgánico donde la gente me empezó a mandar fotos de sus altares. Gente que no conozco me mandó fotos con el libro en la mano. Apenas me estoy creyendo que la gente me lee», reconoce.

De este acercamiento a las redes sociales, extrae anécdotas como la visita de un mexicano radicado en Francia que llegó hasta Valladolid para visitarlo y platicar con él. De igual manera, sostiene comunicación con gente en El Salvador, Colombia, España, Argentina y otros países. «El libro ha viajado más lejos que yo», concluye entre risas.

«Teotecnia, el universo en primera persona» está disponible en físico y digital en librerías Ghandi, Amazon, iTunes y Google Play, además de poder pedirse directamente con su autor en el Twitter @teotecnia o Instagram @ochoviento_tt