Por falta de conciencia y estructuras, así como la persistencia de malas prácticas, alrededor del 39 por ciento de los alimentos que se producen a nivel mundial se pierden y se desperdician, lo cual equivale a mil 300 millones de toneladas al año, según informó el chef Jordi Gallego, representante español de la empresa Griffith Foods.

“Es una situación que, por poco, nos debe de dar vergüenza”, consideró el especialista, al recordar que alrededor de 820 millones de personas en el mundo tienen dificultades para tener acceso a la alimentación.

Precisó que la pérdida de alimentos se produce por falta de estructuras y malas prácticas antes de que lleguen al consumidor, es decir, pérdidas de cosechas por plagas, transporte deficiente, control de calidad e incluso porque éstas se tiran para regular el precio del producto en el mercado. Esto sucede principalmente en los países no industrializados.

De igual manera, el desperdicio ocurre cuando el alimento se destina a fines diferentes, como dárselo al ganado, falta de estructura en el comercio minorista y falta de conciencia por parte de los consumidores finales. Esto ocurre, regularmente, en países industrializados.

En este sentido, contrastó el hecho de que tan solo en Europa y América del Norte, cada persona desperdicia un promedio de 95 a 115 kilogramos de alimentos al año; mientras que en África y Asia es de 6 a 11 kilogramos.

Propuestas

Para el especialista, existen tres niveles de atención para este problema. El primero es institucional, por parte de los gobiernos y organismos internacionales, que deben dimensionar el problema y legislar al respecto; el segundo debe ser la responsabilidad corporativa, que deben tomar las empresas públicas y privadas, en coordinación con los productores, y el tercer nivel debe ser individual, con un consumo responsable.

Con referencia al segundo nivel, indicó que hay prácticas sustentables de economía circular, consistentes en reintroducir al mercado productos de desecho que aún tienen valor nutrimental, tales como harinas fabricadas con los cereales y frutas que se utilizan para producir cervezas o jugos; o bien, con las que no pasan los estándares de calidad.

Lo anterior ocurrió durante el panel “Prácticas organizaciones orientadas a la sustentabilidad”, en el marco del XIII Congreso Internacional de Gastronomía, que se celebró en la Universidad del Caribe.