Grupo Pirámide
El periodista José Martín Sámano ofreció días atrás, y con motivo de otro aniversario luctuoso, una conferencia magistral sobre el magnicidio de John F. Kennedy, ocurrido en Dallas, en 1963, cuando era presidente de los Estados Unidos.
Durante la apasionada plática entre amigos, estudiantes e interesados en uno de los hechos históricos que mayor impacto en el siglo pasado, el periodista develó entrevistas de gran valor realizadas en el país del norte, unos veinte años después, cuando comenzaron a aparecer versiones que contradecían a la dudosísima versión oficial de la Comisión Warren, entre ellas, la detallada explicación de la llamada “bala mágica”: que según los especialistas habría realizado un recorrido increíble para impactar en un cuerpo, atravesar otro y volver a subir su trayectoria, para luego quedar intacta en el piso.

Magnitud del asesinato
La jornada arrancó con las experiencias que comentaron algunos presentes, que ya peinan canas, y que vivieron por esos años el acontecimiento con gran estupor, dada la magnitud del hecho, además, por el afecto que despertaba la familia Kennedy en sus apariciones públicas.
Sámano recordó que su recorrido por el caso comenzó hace unos 35 años, cuando ya tenía su característico bigote y, parte de esa investigación, la realizó para la productora de Jaime Maussán, investigador del fenómeno OVNI, hoy llamado “No humano”.

Para resumir el caudal de datos que ofreció, tanto en video como en narrativa, las cuestiones técnicas que rodean al caso tienen que ver, principalmente, con la imposibilidad de realizar los tres disparos en 6 segundos con el rifle que habría utilizad en principal implicado, Lee Harvey Oswald, exinfante de Marina, quien fue detenido en un cine después de haber ultimado a un policía.

Uno de los peritajes más característicos, el de parafina, dio negativo en su rostro, no así en las manos del sospechoso, que fue asesinado dos días después de manera pública, y cuyo autor solamente dijo que lo mató por enojo.
Las sospechas también apuntan a la negativa a realizarle una autopsia al cuerpo en el Estado de Dallas, por lo que JFK fue trasladado y el auto en el que fue balaceado desmantelado horas después, así como fue llevada a la tintorería la ropa del gobernador que viajaba también en el auto y que resultó herido, John B. Coonnally Jr.
Una de las preguntas más frecuentes fue: ¿Quién resultó el mayor beneficiario del magnicidio?: Unos aseguran que el vicepresidente, Lyndon Baines Johnson, sin embargo, los Kennedy tenían duras disputas con el sindicalista Jimmy Hoffa y, su postura en contra de la guerra, le valieron la enemistad de la industria armamentista de Estados Unidos que tomó control durante la Guerra de Vietnam.
Años después, un testigo sordomudo, que no había sido tenido en cuenta en la comisaría en 1963, donde se presentó voluntariamente a declarar, aseguró que vio a uno de los tiradores apostados detrás de una barda, que fue ayudado por otro sujeto que desmanteló en cuestión de segundos el arma con la que había disparado. Habría sido el disparo letal sobre la cabeza del mandatario.

En la ciudad de Dallas existen incluso recorridos por los lugares que tienen que ver con el atentado y las teorías de la conspiración siguen dando vueltas en el aire.
En las preguntas abiertas Grupo Pirámide consultó si como periodista había tenido algún inconveniente en su investigación, dado que entrevistó al bibliotecario desde donde Harvey Oswald habría disparado, dijo que no, “les tenía más miedo a éstos, a los de casa”, comparó para destacar la apertura de la sociedad estadounidense para seguir investigando, pese a las dudosas muertes de testigos y la desaparición de gran parte de las pruebas, con la alteración del escenario del crimen.
Así como el caso de Luis Donaldo Colosio, candidato del PRI asesinado en plena campaña, muchos cabos seguirán sueltos para siempre, aunque con más claridad en lo inverosímil de las teorías oficiales.

“Nos rompieron la inocencia”, resumió Sámano casi al finalizar el encuentro.
