Jenny fue la primera víctima que se animó a denunciar a Erath, presunto violador de alrededor de 40 jóvenes de Quintana Roo. Después de tres años del primer encuentro, habla del caso que llevó a la cárcel al joven que operaba a través de las redes sociales. En una entrevista exclusiva con Grupo Pirámide, narra los detalles de los encuentros y la mecánica para someterla.

Por Luciano Núñez
―Disculpa que te moleste, vi que estabas en el club de playa y quería preguntarte si recomiendas o no ir.
―Disculpa ¿te conozco?
―No, pero tenemos amigos en común.
Así comenzó el primer contacto entre Jenny y Erath, presunto violador serial de Quintana Roo, apenas vio las fotos de la joven en Facebook. Antes, le había enviado solicitud de amistad, pero ella no la aceptó. No se quedó con eso e insistió usando las facilidades que ofrecen las redes sociales abiertas.

Como suele hacer, Jenny vio que tenían al menos 120 amigos en común. “No se me hizo grosero y sólo me había solicitado una información”, cuenta la primera denunciante que había posteado fotos de platillos, en bikini, “esas fotos que una sube cuando va a un lugar”, describe el primer encuentro que ocurrió hace tres años.
Después de ese primer contacto, Erath la invitó a salir con amigos, pero ella no le contestó. “Qué miedosa, qué mal pensada”; le puso en un mensaje. “Si quieres paso por ti, y si no tienes dinero, yo te invito”, la animó.
Tiempo después volvió a insistir: “Ya vi que no te voy a conocer”. Y ella le contestó: “Ya me harté de que pienses que soy mamona”. Y hoy en día se lamenta: “No sé en qué carajos estaba pensando y acepté salir”.
Primer encuentro en Villas del Sol

Erath le pasó su dirección en Villas del Sol y, lejos de estar contento con su llegada, recuerda Jenny que la regañó mientras pisaba la patineta que tenía el joven músico, afición con la que conquistaba a otras menores, según se conocería después.
Empezaron a caminar y él la invitó a su casa. Apenas ingresó, ella se dio cuenta de que no tenía las ventabas abiertas, ni cortinas, ni televisor, ni muebles. Vio una cocina sucia y un cuarto con ropa tirada en el suelo. Sobre la mesa, un montículo de marihuana.
“No se me hizo extraño porque la mayoría de las personas la consumen”, dice la muchacha, que comenzó a temer que Erath pudiera estar drogado. Cerró la puerta y lo que sigue es un calvario porque Erath transformó su personalidad en cuestión de segundos. “Como si le hubieran puesto otro chip y se hubiera activado otra persona”, describe.
―No te obligué a venir. Si viniste aquí no te hagas pendeja― le dijo notoriamente exaltado.
―Oye tranquilo. ¿Qué onda con tu actitud? ―Le reclamó ella.
― ¿Querías venir a ver películas, a bailar, a cantar? Sabías perfectamente a qué venías. O qué, ¿eres una niña chiquita?
―Qué tan dañado tienes el cerebro para pensar que la vida es sexo. ―Reviró Jenny.
Cuando Jenny intentó irse, la jaló bruscamente del brazo. “No vas a ir a ningún lado”, le dijo mientras sorrajaba la puerta. A jalones la metió a un cuarto y le advirtió que ni se le ocurra salir porque iría un amigo. “Me puse súper nerviosa de que pudieran hacerme algo”, cuenta, mientras recuerda que estaba sentada encima de la ropa en el piso. “Aquí afuera están pasando cosas que no puedes ver”, le comentó.
― Neta me quiero ir. Me cae mal la actitud que estás teniendo.
Y la personalidad de Erath volvió a cambiar. “Discúlpame, estoy drogado”, decía mientras intentaba abrazarla. Pero al instante volvió a cambiar: “¿Estoy tan feo?, si soy un maldito Dios”, le gritó.
Jenny intentó mantenerlo con la mano, mientras oyó que una persona ingresaba a la casa y después dialogaba con otra.
“Le dije que estaba con mi regla. Y se paró y me dijo: vieja pendeja. No sabes ni qué decir. ¡Tu chisme!”, fue la respuesta de Erath. “Te va a cargar la chin….”, se alteró. Ella le dijo que la estaba esperando una amiga y la dejó ir, no sin antes insultarla.
Lo primero que hizo al llegar a su casa fue bloquearlo del Facebook y perdió contacto.
Nuevo contacto

Meses después, Jenny se topó con Erath, porque ella trabajaba en la administración pública. Estaba estacionado afuera, vigilando. “Me lo quedé viendo y me sentí incómoda. Me volví a meter al trabajo, pero me mandó mensaje por Instagram y me dijo: “no me voy hasta hablar contigo y pedirte disculpas por lo de la otra vez”, le mensajeó usando otra red social, también abierta, aunque la plataforma permite mantener la privacidad de los contenidos a un círculo de personas autorizadas.
Ahora dice que fue una tontería pensar que todo fue porque estaba drogado. “Quise justificarlo. Me salí y se disculpó como una persona diferente. No quiero que te lleves un mal sabor de boca”, fue lo que le dijo.
Fueron a comer y no hubo ningún problema, ninguna señal de violencia. Pero de regreso Erath tomó por otro rumbo. “Es que olvidé unas cosas en casa”, le dijo cuando ella lo advirtió. Se metió en Pedregal y le contó que estaba rentando allí. “Se baja y me dice que suba para no dejarme sola, porque estaba muy oscuro”. Le insistió en que le podía pasar algo y que estaba con su compañera de cuarto. Ya adentro quiso besarla y le pidió que fuera su novia.
“No vine para esto”, le repitió. Y la respuesta fue una amenaza. “Ya sé dónde trabaja tu mamá, ¿y si un día aparece muerta? Ante esto, admite Jenny que accedió a que mantuvieran relaciones para que no volviera a molestarla. “Me puse a llorar porque no me sentía a gusto y no miré nada más”.
Tras eso tomó un taxi y se fue a su casa. “Lo bloqueé de todas las redes y me sentía súper mal”.
Extorsión con vídeos: ¿Recuerdas esto?
Dos días después la contactan de un número desconocido de WhatsApp. Le envían un video. ¿Recuerdas esto?, le preguntan. Y de inmediato se dio cuenta de que era ella. Y comienza a extorsionarla para tener intimidad a cambio de no viralizar el contenido.
“Mi mamá era servidora pública, al igual que yo, tenía miedo. Fue algo que no controlé. Se me hizo un nudo en la garganta”, describe y aclara que tenía una relación de cuatro años con una ex pareja.
Para impedir que siguiera extorsionándola, dice que llegó a ofrecerle dinero, porque sabía que si accedía, la volvería a grabar. «Así me vas a tener toda la vida. No soy una prostituta”, recuerda que le contestó. Pero él insistió en que vendería los videos con sus amigos. Jenny decidió confesarle lo que pasaba una amiga, quien le sugirió que no cayera de nuevo, porque además, tendría consecuencias legales para él. Fue ahí donde comenzó a defenderse. Fue ahí donde comenzó a defenderse.

“Si quieres publicar el video, hazlo, pero si lo veo te voy a refundir en la cárcel, porque no lo autoricé”, le advirtió. Erath la bloqueó y la dejó de contactar por seis meses. Hasta que la volvió a buscar. Asegura la muchacha que él le ofrecía mil pesos, pero al no recibir respuesta, le dijo un día que estaba en la en la esquina de su casa. “Ven si quieres que elimine el video”; le propuso. Ella se demoró unos minutos y la volvió a amenazar.
Fue cuando comenzó a documentar las agresiones. Y no lo volvió a ver hasta este año, en enero, cuando ella ya estaba en pareja, a quien también Erath también agredió por las redes sociales. Los mensajes de chantaje volvieron a aparecer en julio pasado, cuando decidió comenzar la demanda, con el apoyo de la maestra Araceli Andrade Tolama, quien tiene una vasta trayectoria como litigante en el área familiar, así como en la defensa de periodistas, como Lydia Cacho y Pedro Canché que fueron amenazados por políticos.
Las benditas redes
La mala fortuna que le trajeron a Jenny las redes sociales comenzó a cambiar cuando se decidió a subir las fotos de las capturas de pantalla con amenazas y se comenzaron a viralizar. Pero lo más relevante es que comenzaron a aparecer muchas víctimas. Crudos testimonios de otras agresiones, generalmente jóvenes menores y a través de las redes sociales mal usadas.
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Después de todo lo que pasó, Jenny asume: “Fue estúpido haber permitido todo eso”. Y dice que muchas veces se culpó porque aceptó y por eso nunca se vio como víctima. “Después de tanto tiempo logré darme cuenta de que sí, cometí mis errores, pero no tantos como él”.

Ahora junto a Andy, otra de las tantas víctimas, crearon una Asociación de Mujeres Unidas por Quintana Roo, para dar contención a las víctimas de Erath y apoyarlas para que demanden. No saben todos los nombres de todas las víctimas, pero calculan serían unas 40, muchas de las cuales todavía no han hablado.
“La confianza con los padres es vital para no llegar a esto”
De acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública, en cinco años en Quintana Roo se han reportado mil 918 casos de abusos sexuales hasta julio de 2020, y el año pasado fue el más alto con 556 reportes. Aunque la cifra de feminicidios en Quintana Roo es de 9, organismos civiles dan cuenta de al menos 40 casos.
― ¿Qué mensaje les dejas a las jóvenes?
―Las redes sociales son armas de doble filo. Muchas veces con tal de hacer amigos, ser populares, agregamos a personas y eso es permitir el acceso a información de nosotras, de lo que hacemos, dónde estamos. Deberíamos ser más conscientes del contenido que compartimos en redes. Es mejor que no sepan mucho las demás personas, porque cualquier enfermo como Erath puede ocupar eso para acosarnos.
― Y a las jóvenes que fueron ya abusadas, ¿qué les dices ?
―Con una carga con un gran peso, lo primero es que no sientan que lo que pasó fue su culpa. El primer paso, antes de lo legal, es sanar y reconocer qué pasó. Buscar terapia psicológica. Se escucha fácil, pero no. Incluso al poner la denuncia te está afectando y doliendo. Y si vas de la mano de alguien que ya pasó por eso, que se pudo liberar de ese dolor, todo va a ser más fácil. Y la confianza con los padres es vital para no llegar a esto.
