Guadalupe Benavides Zapién se define a sí misma como una persona que reacciona ante la injusticia. En su andar, acumula una trayectoria que fusiona el activismo con el servicio público. Por convicción personal, dice, trabaja para el gobierno, pero siempre con visión crítica y sin dejar de lado un profundo sentido humanista.
«Nadie que me haya contratado o que haya sido mi jefe me condicionó, ni siquiera a vestirme de una manera distinta», asegura y resalta que, aunque se dedica a asesorar gobiernos desde hace mucho tiempo, siempre lo hace bajo una premisa: «saben que no soy del sistema».
Conocida popularmente como «Lula», es actualmente una pieza importante en temas como el manejo del sargazo en Quintana Roo. Grupo Pirámide sostuvo una entrevista con ella, en la que habló desde la lucha de las Costureras en la Ciudad de México —en la que participó— hasta la importancia de la organización ciudadana para promover un estado democrático.
Recientemente, se vio envuelta en la polémica tras retar públicamente a una senadora a un debate en el que planteaba hablar sobre la autoridad moral cuando se es político o ciudadano. En este sentido, «Lula» explica que ella considera que el poder está en el pueblo y la clase política necesita elevar su nivel y renovarse.
Poder ciudadano
«En pleno Siglo XXI, los gobernantes se enfrentan a una comunidad millenial que cuestiona todo y que está hasta el gorro de simulaciones», apunta la activista, quien se desempeña como coordinadora general de la Red de Organismos Sociales en Acción Climática (ROSAC) y ocupa el cargo de secretaria técnica del Consejo Técnico Asesor Sobre Sargazo.
Desde su óptica, asegura que los próximos liderazgos van a tener que surgir necesariamente del pueblo, pues no se puede esperar que entre partidos políticos se creen soluciones a tantas problemáticas sociales.
Recuerda que cuando llegó a Quintana Roo había una sociedad muy frívola, apática, con alto nivel de abstencionismo, y en un ambiente donde se ejercía un control absoluto de los medios de comunicación y se practicaba comúnmente la represión. Una ciudadanía inmersa en la impunidad e incertidumbre jurídica, sin embargo, eso ha ido evolucionando.
«Actualmente, tenemos clima apocalíptico: va a ser muy difícil para los gobernantes gobernar. Es necesaria la acción participativa, la mesura y una cultura de justicia, pues la injusticia provoca ira», comenta y afirma: «Viene una nueva cultura y esa nueva cultura implicará un nuevo pacto social».

En este sentido, agradece la oportunidad de poder trabajar con gente que considera progresista, como Felipe Ornelas —coordinador de asesores del gobierno estatal—, así como el propio gobernador Carlos Joaquín, con quien ha colaborado desde su época como alcalde de Solidaridad, y a quien califica como planificador, que hace aritmética y toma decisiones basadas en este estilo.
Al referirse al trabajo del gobierno del estado, destaca nuevamente la palabra «progresista» a pesar de emanar de un partido de derecha. Opina que las ideologías de cada gobierno van más allá de si es considerado de izquierda o derecha, pues en ambos extremos hay posturas arcaicas y reaccionarias.
«Los fundamentalismos son iguales. Por eso nunca he dejado de ser progresista y crítica de este sistema. Todos tenemos el derecho y deber de ser ciudadanos, y eso no se pierde cuando trabajas para alguien», afirma.
Y remata: «No se puede improvisar un activismo ni las ideas, como tampoco se puede ocultar la riqueza mal habida».
En ese punto se refiere nuevamente al hartazgo de la gente con una clase política que no entiende en donde está parada, que necesita elevar su nivel o la ciudadanía va a tener que hacerla a un lado. Su experiencia y orígenes dentro del activismo la respaldan en este sentido.
Orígenes: Revolución Integral
Para entender las opiniones de “Lula”, hay que remontarse a sus orígenes, que se encuentran en el seno de una humilde familia en Poza Rica, Veracruz.
Cuenta que desde pequeña vivió de cerca un concepto de la solidaridad que le fue inculcado a través de la religión. Recuerda a su abuela y a su madre como un gran ejemplo de la caridad cristiana. De ahí su contacto con la gente en las cárceles, mujeres analfabetas y ancianas enfermas de Parkinson, que le permitió desarrollar un sentido humanista.
Está ampliamente documentado que la tragedia del terremoto del 19 de septiembre de 1985 en la Ciudad de México fue especialmente aguda para las mujeres que trabajaban en la industria textil. El sismo vino a evidenciar sus precarias condiciones al grado que el movimiento feminista en México tiene en este episodio un importante capítulo. La participación de «Lula» en esta coyuntura es otro punto de inflexión para entender sus raíces.
De esa época tiene recuerdos como los intensos trabajos de rescate de personas entre los escombros, evoca con disgusto la actitud del ejército, que apareció para rescatar cajas fuertes y maquinaria antes que gente, y rememora lo que fue el inicio de su carrera en el activismo, donde participó junto con mujeres como Dolores Padierna, Patricia Mercado y Amalia García en el Colectivo Revolución Integral.
Lo anterior derivó, con los años, en una amplia trayectoria en el sindicalismo que eventualmente la hizo incursionar en la política, donde se fue especializando, además de los derechos de las mujeres, en temas ambientales. Fue así como llegó, en 2002, a ser funcionaria de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), puesto que la trajo por primera vez a conocer el Caribe.
Medio ambiente
Durante el sexenio de Ernesto Zedillo, Benavides Zapién fungió como funcionaria de la Semarnat, bajo el mandato de Julia Carabias Lillo, y tuvo a su encargo mediar conflictos ambientales dentro del Programa de Aprovechamiento de Recursos Naturales en lugares como Tepoztlán, Campeche y, particularmente, en Quintana Roo, intervino en Cozumel y Xcacel-Xcacelito.
Sin embargo, al ver que muchos de los acuerdos no se cumplían, decidió renunciar a su cargo como inspectora de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y dedicarse de lleno al ambientalismo.
La experiencia en temas ambientales la lleva a asesorar a los gobiernos municipales de Benito Juárez —encabezado por Juan Ignacio García Zalvidea, «Chacho»—, y Solidaridad —que presidía Gabriel Mendicuti Loría—. Esto le significó una recomendación con quien llegó a ocupar la presidencia municipal con sede en Playa del Carmen: Carlos Joaquín González.
Cuenta que con Carlos Joaquín tuvo la oportunidad de desarrollarse en los programas de atención social que al entonces alcalde le valieron diversos reconocimientos.
«Formamos los comités ciudadanos, por eso me conocen en Playa del Carmen. Creo que una sociedad debe de participar, reflexionar, coordinarse con las autoridades. La ciudad debe ser construida para los ciudadanos», refiere y abunda nuevamente en la importancia de la participación ciudadana.
Los temas que vienen

Además de su trabajo como asesora del gobierno, otros proyectos que ocupan a «Lula» pueden resumirse en tres palabras: resiliencia, prevención y organización. Por un lado, habla del cambio climático y las acciones a tomar en consecuencia; por otro, las necesidades económicas que ha desatado la pandemia y cómo paliarlas.
El primero de ellos es el Programa de Mitigación, Adaptación y Resiliencia en Cambio Climático (Promar), donde se habla de cómo organizar las ciudades y movilidad para disminuir la emisión de gases de efecto invernadero; esto va desde iniciativas para avanzar en el teletrabajo hasta el aprovechamiento del sargazo para transformarlo en energía eléctrica.
Por otro lado, está el Plan de Prevención, Reorganización Social y Económica (Preverse) que surge a partir de las afectaciones por la pandemia de COVID-19 y que busca una concientización respecto a los riesgos y la importancia de seguir las medidas sanitarias, así como de generar una diversificación económica, pues la entidad no puede depender completamente del turismo.
Un eje más es el de los temas de género, que se vincula con el anterior en el aspecto del crecimiento económico. A través de programas concretos que ayuden a la autonomía de las mujeres y permitan empoderarlas.
Este tipo de propuestas, que involucran una visión holística del entorno ambiental con la actividad humana, son el tipo de temas que «Lula» Benavides disfruta de abanderar, pues a lo largo de los años se han fundido homogéneamente con su propia filosofía de vida.
«Busco ser integral. Siento que estoy representada en las diferentes ideologías, porque es la diversidad que me rodea, como me rodea el cosmos», reflexiona, y con esas palabras, se da por finalizada la entrevista telefónica.



