Por Jaguar Negro
Ante la incertidumbre que ha generado el ex canciller, Marcelo Ebrard, sobre su inminente salida de la 4T, en Quintana Roo sus seguidores siguen en el limbo político.
Todavía no se han pronunciado si seguirán el incierto derrotero de Ebrard, con la creación de un nuevo movimiento, o, se sumarán a la ganadora de las encuestas, Claudia Sheinbaum, quien ya logró anexar a su ruta presidencial a Ricardo Monreal y Adán Augusto, del arco morenista, con lo cual, la senadora Marybel Villegas Canché queda en una posición más cómoda (de salvación, se diría) para lo que viene: el proceso electoral. Es decir, quedó dentro del entramado ganador y se la ve muy cercana a la gobernadora, Mara Lezama.
En el reciente informe justamente de la gobernadora, dos mandatarios del Ejecutivo asistieron con guayabera bien planchada, pero con la conciencia, al menos, arrugada.
Joaquín Hendriks fue el gobernador que inició la hoy vergonzosa deuda pública de Quintana Roo, con mil 500 millones de pesos, a la postre, declarado persona “Non grata” por la legislatura que sucedió a su administración, y Félix González Canto, creador de la mayor deuda pública del Estado, que la elevó en su mandato a más de 11 mil millones de pesos, a los que se suman otros 9 mil millones de pesos generados por su ex asistente, Roberto Borge, todavía preso.

Podrían asistir, en cambio, con la frente en alto los ex gobernadores Miguel Borge Martín, creador de la Universidad de Quintana Roo, Jesús Martínez Ross, que le tocó poner la piedra basal de las instituciones de Quintana Roo, o Pedro Joaquín Coldwell, que le dio alas a la vocación turística del estado.

Mario Villanueva Madrid sigue en prisión domiciliaria, por lo tanto, no podría asistir, sin embargo, no le generó a Quintana Roo una deuda de 20 mil millones de pesos. Y menos Carlos Joaquín, ahora embajador en Canadá, que prefirió no asistir, acaso por la parte del discurso en el que le endosan unos 7 mil 500 millones de pesos de deuda a corto plazo y proveedores variopintos.
No se equivoca el refranero popular cuando dice que para la política hay que tener cara de piedra y tripas. Y no hacer gestos cuando en el discurso te recuerdan el desaseo que heredaste.
