Tras proponer la definición de la cultura moderna como una “sociedad de hiperconsumo”, el filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky aseguró que la educación debe buscar elevar la conciencia de las niñas y niños, para que “aprendan a llenar el vacío de la existencia”, “abran las posibilidades de la vida y no se estrechen a lo que ofrece el mercado”.
Lo anterior ocurrió en el Aula 1A de la Universidad del Caribe, en Cancún, durante la conferencia-seminario “El individualismo en los tiempos hipermodernos”, que impartió el autor de múltiples libros y ensayos especializados en el análisis de la sociedad posmoderna.
El también profesor de la Universidad de Grenoble, Francia, definió la cultura moderna como plagada de “hiperconsumo”, que se traduce en mayor bienestar material, sin embargo, no va de la mano con una mayor felicidad. La definió con tres características principales.
Sociedad del hiperconsumo
Primero, es una sociedad que siempre busca tener más y más de lo que se necesita para vivir, en una lógica de consumo posible en la actualidad gracias al internet. Este modelo de negocios genera hasta el 70 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en los países desarrollados, todo basado en el consumismo, apuntó.
Luego, destacó el filósofo, la cultura está marcada por una individualización, que ocurre gracias a “un modelo a la carta con un sinfín de opciones”, lo cual implica que no importen las clases sociales, sino que impera el consumismo al grado que haya gente pobre con una arraigada cultura de consumo.
El tercer denominador sería el consumo emocional, pues en la actualidad no se compra para demostrar un poder económico, sino que ahora se busca entretenimiento y placer. Así que se pasó “del consumo ostentoso clásico, al consumo de experiencias”, refirió.
La educación como solución
Ante esta compleja problemática, Gilles Lipovetsky, propuso buscar una relación equilibrada con la cultura del consumo: no satanizarla, pero tampoco idealizarla, comenzando porque está provocando un desastre ecológico.
El desafío, dijo, es que el bienestar que da el consumo, no se vuelva la totalidad de la existencia, lo cual sucede porque la gente que se avoca al consumo es porque no tiene nada más en su vida que la llene.
Por lo tanto, señaló que el papel de las instituciones educativas y los docentes es fundamental para abrir la conciencia de niñas y niños, para que aprendan a llenar el vacío de la existencia.
“Debemos ponerle límites a la pasión consumista y una pasión sólo se puede echar atrás con otra pasión, ya que la razón es muy débil para combatirla… Como maestros debemos cargar con la responsabilidad. ¿Qué pasaría si la gente tuviera otros intereses además de comprar? No es una existencia indigna, pero sí muy pobre”, afirmó.
Propuso que las y los docentes enseñen que hay mucho más en la vida que sólo comprar; capacitar las conciencias en relaciones humanas, en solidaridad, para salir del individualismo y obtener cambios sociales; ya que al elevar el nivel de la conciencia, se generan sociedades más exigentes y por tanto, tendremos una oferta más inteligente, finalizó.
