La presentación estuvo a cargo de la escritora Alexandra Reyes Haiducovich, en el espacio del Instituto de Cultura de Quintana Roo, en la edición 35 del la FILAH, organizada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Este año los invitados de honor son Belice y Quintana Roo.
“El autor nos regala datos históricos que le dan gran contenido al escrito, como la historia del conquistador Gonzalo Guerrero, quien acabó convirtiéndose en más maya que el mismo Pakal”, rescató la escritora.
Ciudad de México. -La novela Magnificens Cancún (Miguel Ángel Porrúa), del escritor y periodista, Luciano Núñez, fue presentada ayer por la también escritora Alexandra Reyes Haiducovich, en la 35ª edición de la FILAH, Feria Internacional del Libro, organizada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que este año tiene como invitados de honor a Belice y Quintana Roo.

El evento arrancó a las dos de la tarde, en un día soleado, con una lectura analítica a cargo de Reyes Haiducovich, licenciada en Relaciones Internacionales y autora de las obras Montaña Negra (novela) y Henestrosa, hombre de un siglo, ambas editadas por Miguel Ángel Porrúa, que fue escuchada por un público por demás atento, dentro del espacio del Instituto de la cultura de las Artes de Quintana Roo, que además, desarrolló talleres y muestras de artesanías y desplegó parte de su patrimonio cultural y producción literaria.
A continuación dejamos íntegro el texto que fue leído en la feria que se desarrollará hasta el día 18 de este mes.

Texto de Alexandra Reyes
“El Cancún profundo, corroído; los bajos fondos de la política, del poder protegido por cerros de dinero, de polvo blanco, de la pederastia”
“En este ambiente caribeño, nada más propicio que hablar sobre el libro del periodista Luciano Núñez, Magnificens Cancún, en representación del señor Miguel Ángel Porrúa, que tuvo el acierto de publicar este fantástico libro. Yo hubiera creído que esta palabra de Magnificens se refería al paraíso color turquesa que distingue a Cancún, con sus magníficas playas, sus inagotables hoteles, la algarabía de los bares y, por supuesto, las hermosas mujeres de todas partes del mundo que desfilan en las discotecas, en la Plaza 21, en los yates, en las mismas planicies arenosas que parecen rociadas de talco, en la Quinta Avenida de Playa del Carmen y que dejan muy poco a la imaginación… Pero no, caí en el juego de palabras que sólo un ornitólogo podría adivinar, porque Magnificens se refiere a un ave negra, pero muy propia de la región, de plumaje liviano, hábil planeadora con sus grandes alas desplegadas en forma de escuadras perfectamente alineadas.

Primer atractivo de una obra que, seguramente cuando el autor la tuvo por primera vez en sus manos, saliendo de las prensas, calientita, despidió ese olor a brisa marina, a salitre y, a ratos, al aire helado con esencia de naranja de su natal Tucumán, tierra también de la famosa cantante Mercedes Sosa. Porque en este libro el autor transita de un lado al otro del Trópico para hablarnos del oficio del periodista Bruno Marín, protagonista de esta historia, cuando trabajaba en periódico El Under allá en Tucumán, en argentina, y su decisión de salir de esa ciudad sin futuro para probar suerte en el diario El Caribe, en Cancún, la “Ciudad de la alegría”, ahí donde abundan las manzanas surrealistas y se observa una acuarela de comercios, como la describe Luciano. Pero corrige en su texto, y mejor la califica como la “Ciudad de los Remendados”, porque, en efecto, Cancún pareciera ese lugar donde propios y extraños, quienes llegan a vivir ahí, son personas se van remendando a cada rato.
La cancuniqué, nueva burguesía de Cancún
Pero Bruno Marín, en su oficio de periodista y lejos de la cancuniqué, como se le llama a la nueva burguesía de Cancún, tiene que meterse en los subterfugios para redactar la nota del día y va descubriendo la otra cara de Cancún, del Cancún profundo, del Cancún corroído y es ahí donde va descorriendo los velos de la corrupción, los bajos fondos de la política, del poder protegido por cerros de dinero, de polvo blanco, de la pederastia… Difícil, duro, riesgoso el oficio que uno va viviendo en sus líneas, entre los mates y la chelas, del “quilombo”, de los sobres amarillos que contienen los secretos más persuasivos que lo hacen a uno hablar o callar. Y en esa cotidianeidad, entre la redacción y las cantinas, Luciano intercala episodios amorosos de Estela, aquella “mina” ―como los argentinos les llaman a las mujeres bonitas― de la que se había enamorado el tucumano cuando era más joven. Pero también de otra veracruzana que conoce en Cancún, Cristina, con quien tiene un turbulento romance, pero que de pronto se va y protagoniza el desenlace de esta obra en ese violento y sangriento motín de Chetumal donde cae la red de pederastia.

Cuando no existían ni las computadoras portátiles ni los emojis
Luciano acompaña estas páginas con el inicio de un diario que deja a medias y epístolas, cartas que le llegan con una fuerza tan poderosa que lo hacen trastabillar, tomar decisiones aceleradas al impacto de su lectura, como las letras que le envía su amada Estela.
Ello nos hace recordar, por supuesto, a quienes transitamos por un mundo donde no existían computadoras portátiles, ni emojis con caritas sonrientes o tristes, ni poemas transcritos en sublimes imágenes que llegan con sólo copiar y pegar, sino solamente una pluma y una hoja de papel, para revivir la fuerza que podían llegar a tener las palabras escritas y esos sobres que arrugábamos contra nuestro pecho, que contenían párrafos delirantes de amor o desamor, y que hoy se han sustituido por un aparatito rectangular que ponemos en el corazón aunque, ciertamente, causen el mismo efecto.

Y en estos sucesos intempestivos que llevan y traen al protagonista del Caribe a su añorado Tucumán, también el autor le da un espacio a las pérdidas que va sufriendo Bruno en el camino, y vamos acompañando su dolor, sus recuerdos y reflexiones de su vida presente tan frustrada y las de su infancia, como la máquina Olivetti de su padre, el piano Steinway, la olla Essen y su madre Liliana, que yace inerte en una silla, la ropa desteñida con una demencia senil que no atina a reconocerlo.
“¿Qué somos sin los recuerdos?”, se pregunta Bruno cuando su desarraigo le parece como una despedida diaria, “una muerte que se vive en soledad. Una soledad seca”. Y destaca en estos pasajes que vamos leyendo, a lo largo del texto, la vena poética del autor, que ya la tiene acopiada en otro de sus libros titulado: Tan lejos y otra vez en casa. Aquí unos renglones del también poeta cuando empieza a escribir en su diario interior: p. 98. Texto que no le gustó mucho a Cristina, porque al día siguiente se fue. “Con un Mercedes al frente te ahorras las palabras de presentación”, habría dicho ella.
Toponimia y Gonzalo Guerrero
Cancún, cuya definición la anota Luciano como “Lugar de encantos” o “serpiente amarilla”, fue un acto de benevolencia en la toponimia, porque encontré otra definición de la voz maya que simboliza “olla o nido de serpientes” y encaja perfecto en tu novela. Ah, porque también el autor, Luciano Núñez, nos regala en esta obra datos históricos que le dan gran contenido al escrito, como la historia del conquistador Gonzalo Guerrero que acabó convirtiéndose en más maya que el mismo Pakal, pintado el rostro y con orejeras que le colgaban hasta el cuello y, por lo mismo, no quiso unirse a la campaña del conquistador Hernán Cortés, o referencias sobre el notable periodista y político Felipe Carrillo Puerto.

Y por si fuera poco, en sus páginas encontramos epígrafes que, como un aperitivo, dejan entrever la médula de su trabajo, por supuesto, como buen patriota, recurriendo a argentinos universales como el compositor y cantante Ricardo Ceratto, el laberíntico y admirable escritor Jorge Luis Borges, algún pasaje del gaucho de las pampas argentinas Martín Fierro, del periodista tucumano Dardo Nofal y todavía nos regala un versículo de la Biblia, según San Mateo.

Todo esto lo fuimos encontrando en este libro Magnificens Cancún, en páginas breves, aparentemente corto, “de poco gramaje” dirían los editores, pero grande en su contenido y la forma de interpretar el honroso quehacer periodístico del Cronopio caribeño.
¡Muchas felicidades!
Alexandra Reyes Haiducovich 14 de agosto de 2024.
