Por Abraham Gorostieta
Cancún, Quintana Roo.- El espectáculo Agustín Lara para siempre es no sólo un homenaje a la música del compositor veracruzano, sino un esfuerzo por acercar a las nuevas generaciones a la música del célebre personaje de la música nacional.
La bailarina, pianista, escritora y cantante, Donají Herrera trae para Cancún, en el marco del Festival Internacional de Música, la obra del paisano suyo, Agustín Lara, este lunes 21 de octubre a las 20 horas en el Gran Salón Hacienda Sisal del Hotel Royal Sands.
Ella misma nos cuenta en entrevista con Grupo Pirámide: «este concierto es con las canciones muy en su concepto original, como as hizo el compositor, es traerlas a Cancún, claro, con arreglos musicales de la actualidad, pero con el fin de que la gente las disfrute y las recuerde como eran y se tocaban hace décadas. Música muy hermosa para el amor».

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Donají o Donna, como prefiere que le llamen es una veracruzana que nació y creció en la misma ciudad que el célebre compositor: Tlacotlalpan, aunque hay algunos biógrafos que aseguran que «el flaco de oro» nació en la calle de Cuervo en el centro histórico de la Ciudad de México. La fecha, 1897 o 1900, ninguno de los varios estudiosos de la vida y obra del compositor lo puede afirmar, pero para situarnos en una época, podemos decir que Lara nació en pleno apogeo del Porfiriato.
Y como en todo lo que es ya clásico, apreciar la música y la vida de Agustín Lara se logra sólo a través del tiempo.
Así le sucedió a Donna Herrera quien nos confiesa: «cuando yo estaba en mi tierra y era una pequeña, debo de confesar que no me gustaba tanto la música de Agustín Lara porque en ese entonces era lo único que podías escuchar». La cantante toma un tiempo para respirar y prosigue: «ahora con el tiempo, con la madurez que dan los años la obra de Agustín Lara para mí es más apreciable».
La también escritora se explica: «Cuando llegué a Cancún, hace poco más de dos décadas, la música de Agustín Lara fue con mi conexión con mi ciudad, con mi pasado, con mi familia, con mi niñez y ahora que lo vuelvo a escuchar es recordar todos esos sentimientos y sensaciones que me ha dado mi tierra natal y el camino que he recorrido desde entonces».
Irse del lugar natal y probar suerte en la aventura de la vida, así también fue la vida del compositor. La familia Lara emigró a la capital en 1906. Agustín, dotado de gran inteligencia, abierto al mundo, se volvió un autodidacta que aprendía todos los días y que cultivaba la cultura del esfuerzo propio. Aprendió a tocar el piano y desde muy joven, todavía un niño, buscó el sustento y lo encontró en los burdeles donde con su talento amenizaba el ambiente del amor.
Sus padres al descubrirlo lo enviaron al Colegio Militar de donde fue expulsado. En un intento de emancipación Agustín terminó trabajando en los ferrocarriles de Durango. Dice la leyenda que ahí conoció al poeta Renato Leduc y que fue él quien lo introdujo al mundo de la poesía. La vida del músico-poeta cambiaba para siempre pues México entraba en un proceso político armado. La Revolución había sido declarada y todos formarían parte de ella. De Agustín se han dicho muchos mitos. Entre otros, que se unió al movimiento revolucionario, que estuvo bajo las órdenes del general Samuel Fernández, y que fue herido en ambas piernas y regresó a la capital. Otras veces se le liga con Pancho Villa, y otras con Madero. También haberse enamorado a los 13 años de una hermana de Frida Kahlo, y hasta de una estancia en la cárcel.

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La música del compositor puede sonar muy distinta a la música que se escucha actualmente, intentos de traer la obra del «músico, poeta y genio», como era llamado también, ha sido en buena medida muy bien aceptados por las nuevas generaciones.
Natalia Lafourcade ha sido una de las nuevas intérpretes de Agustín Lara, también Eugenia León, Tania Libertad, Lila Downs o Ely Guerra.
Donna Herrera comenta un poco sobre el trabajo de su colega, Natalia Lafourcade: «Aplaudo mucho que haya llevado la música de Lara a éstas nuevas generaciones que conocieron las composiciones y la música de Agustín. Esa iniciativa fue excelente, ella es una gran intérprete, muy buena y los arreglos que hizo son geniales. Hizo muy buen trabajo».
Y se permite disentir un poco: «a mí en lo personal no me gustó tanto, será que nací en la misma tierra que Agustín, en la misma ciudad y lo siento así, como que necesita ser interpretado con mucho sentimiento a flor de piel, pero lo que ella hizo fue un gran trabajo».
El espectáculo de este lunes 21 de octubre estará acompañado por el maestro Miguel Ángel Flores en el piano y dirección de orquesta, en el violín Sofía Lych, en las percusiones Felisa Estrada Conrado, en el Contrabajo Ariel Negrín. Habrá tambien varios invitados para engalanar la obra del compositor.
Agustín Lara siempre se jactó de ser «jarocho» y fue ahí, en Veracruz, dónde está «La Casita Blanca», su amado hogar, hoy mitad museo y mitad restaurante donde se hace un espectacular tamal de cazuela que lleva una mezcla de moles y hoja santa con carne de puerco. Los biógrafos de Lara dicen que era de buen comer y que gustaba irse y perderse en los rincones de Veracruz y comerse un pescado en escabeche, pulpos en su tinta, empanadas de camarón y pescaditos fritos. Que el chilpachole y el huachinango a la veracruzana eran sus favoritos junto con el zacahuil, que es un tamal hecho de carne de puerco y envuelto en hoja de plátano. Que finalizaba con un café típico de la zona junto con unas empanadas rellenas de guayaba, dulces de coco, dulces de nanche, pan de huevo, palanquetas de cacahuate, jamoncillo de leche, leche nevada o yemitas de canela.

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Herrera vive en la caribeña ciudad de Cancún desde hace 22 años, la ha visto transformarse: «cuando llegué todavía teníamos áreas verdes, mucha jungla, mucha selva alrededor. Pero bueno, todo esto se fue llenando de muchas tiendas, de muchos «malls» y mucho comercio, de bodegas, casas nuevas pero todo lo que es para bien tiene que crecer», rememora.
Escribió el libro Rocket Healing, una reflexión sobre como integrar lo espiritual con lo material y en ello armonizar nuestra vida. El libro está narrado en primera persona y habla sobre una experiencia de vida.
Practicante de distintas disciplinas como la meditación, yoga y baile, Donají Herrera cuenta: «El yoga, la respiración, la meditación son elementos que elevan el espíritu pero te alejan un poco del mundo real. El baile y el deporte son unas buenas disciplinas para los aspectos físicos y mentales pero te llevan a una vida en competencia y quieras o no, eso te lleva a una situación de estrés todo el tiempo».
Ante esta disyuntiva, la poliédrica artista siente la necesidad de unir ambos mundos: «el unir los dos hemisferios, que se conecten y se integran es esencial. Es un momento donde tú puedes vivir esos dos elementos que se integran de forma única. Vivir tú vida en plena armonía: lo material de modo espiritual. En donde se entiende que todos somos uno, entonces te liberas de todos esos problemas y así empiezas a salir como un cohete disparado hacia arriba, como una luz, una luz que ilumina el firmamento y que puede iluminar a los demás».
Al igual que el compositor que también rechazó el mundo frívolo de Hollywood cuando fue contratado para musicalizar películas pero no se acostumbró a aquel mundo deshumanizado. Sin embargo, a pesar de que no centró su talento en el cine, su prestigio acabó por consolidarse en la industria del celuloide, gracias a las bandas sonoras que compuso para filmes como Santa, México Lindo, Carne de Cabaret, Virgen de medianoche, Pervertida, Noche de ronda, Humo en los ojos, Señora tentación, Cortesana y Aventurera.
Y como todo lo que fue ese México a partir de 1968 inicia una rápida decadencia. Un accidente le causó la fractura de la pelvis y entró en coma el 3 de noviembre de 1970 por derrame cerebral. Murió tres días después. “La vida es un suspiro, un suspiro, y ya se lo llevó el carajo”, le confesó Lara a Ricardo Garibay en 1958. Garibay preparaba un guion de cine con las confesiones que el músico-poeta le narraba todas las tardes. Nunca se realizó.
De Agustín Lara se han escrito muchos mitos. Varias biografías y todas coinciden en que era un mentiroso. Pavel Granados y Guadalupe Loaeza hicieron una gran trabajo sobre él y dicen que Lara era “un hombre muy mentiroso, muy buen narrador, se da cuenta de que sus anécdotas funcionaban mejor si cambiaba algunos aspectos, en pocas palabras, fue un hombre que se construyó a si mismo”. “Yo no recuerdo que Agustín Lara haya dicho nunca una verdad. Era un mentiroso profesional” recuerda en una entrevista, Paco Ignacio Taibo I, escritor y periodista que a finales de los años 60 fue contratado por Emilio Azcárraga, magnate de los medios de comunicación mexicanos y dueño de Televisa, deseoso de colaborar con el compositor en hacer testimonio de sus confesiones para unos programas de televisión, que no fueron terminados a causa de la muerte de Lara.
Este es el mundo que Donna Herrera quiere compartir, el de un compositor mágico, encantador, único y de bestial genialidad. «Música para el amor», como ella bien lo dice.

