En el segundo debate, Xóchitl logró llevar a su terreno a la candidata que encabeza las mediciones y, en ese sentido, avanzó.

Máynez lo giró en torno a las propuestas y la lógica dice que seguirá subiendo.

Por Luciano Núñez

Los debates son como el judo: el triunfo depende más de habilidad que de fuerza. La templanza y la estrategia.

Si la diferencia entre la candidata del oficialismo, Claudia Sheinbaum y la opositora, Xóchitl Gálvez, no fuese tan grande, podríamos decir que el debate podría incidir en puntos decisivos rumbo a la elección del 2 de junio; sin embargo, el escenario es otro.

Y sobre ello, vale la pena hacer dos observaciones que emanan de encuentro de anoche que, por mucho, superó al primero que adoleció incluso de fallas técnicas, ya superadas.

Lo que busca Sheinbaum es mantener la distancia, que casi es del doble, según algunas encuestas; sin embargo, anoche da la sensación de que la candidata de la oposición, Xóchitl Gálvez, se mostró más segura: dejó de lado las recomendaciones de un equipo y, como había anunciado públicamente, se fue más con su intuición que le decía que debía liberarse de los nudos impuestos.

Fue más segura y agresiva; se mostró más firme y conocedora de las problemáticas y Claudia, si bien atajó bien los embates, se dejó llevar al terreno donde es menos docta que la atacante.

Ambas le dejaron al candidato de Movimiento Ciudadano, Jorge Álvarez Máynez, la responsabilidad de seguir una línea de propuesta que le ha redituado en sumar, al menos dos puntos, de acuerdo a los números del primer debate.

Xóchitl atacó el Tren Maya, Dos Bocas y la falta de agua, lo último mostrando una botella que dijo, fue analizada y se encontró de todos menos potabilidad.

Sheinbaum mostró nuevamente las credenciales macroeconómicas y la estabilidad financiara, con 3.2 por ciento de crecimiento, el incremento al salario mínimo, además del superpeso para resaltar que, cuando fueron gobierno dejaron un escenario totalmente adverso en las administraciones de Vicente Fox y Felipe Calderón. 

La línea del búnker de Claudia se ha centrado en seguir una lógica: continuar el discurso de AMLO a rajatabla. Las mismas palabras, los mismos programas, los mismos acentos. Lo usan porque ha funcionado, pero no significa que seguirá haciéndolo.

Seguramente en unos días habrá otra corte de caja para saber qué saldos dejó el debate.

Claramente la candidata del oficialismo necesita desplegar banderas propias, sobre todo, reconocer errores que, desde luego, los hubo y dar paso a un perfil más definido de lo que pretende plasmar en su gobierno.

Incluso AMLO reconoció los errores en la construcción del Tren Maya, lo cual, no fue utilizado como respuesta para dejar ese frente abierto como un saldo positivo para Xóchitl, que esta vez no leyó todas las tarjetas y le habló más directo a la audiencia y a la cámara.

Queda un último encuentro que, si bien no será definitorio, porque la elección parece ya definida, los márgenes con los que un partido gana permiten, ya en la función, tener un bono que puede ser más amplio para desarrollar agenda y gobierno: de eso se trata este tramo, de ver cuán chica o grande será la diferencia en una elección que, prácticamente está definida.

Si la oposición crece en este último tramo, tendrá un costo correlativo en las cámaras altas y podrá así pensar en un mañana, con un hálito de esperanza. De otro modo, si la victoria del oficialismo es tan contundente como la de AMLO, será tiempo de barrer la casa y pensar en otros líderes, en otro partido y en otro comienzo.

Este debate, incluso con sus tramos voraces, ha dejado un sentimiento de que hay contienda, de que todo todavía puede haber competencia, en todo el sentido de la palabra.

 

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Luciano Núñez es periodista y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Catamarca, UNCA, Argentina, con postgrado de Opinión Pública por FLACSO. Trabajó en medios de comunicación...