
Por Luciano Núñez
Existe en España y en toda América Latina la conocida estrofa: «…en el mundo traidor / nada hay verdad ni mentira / todo es según el color del cristal con que se mira». Pertenece al poeta Ramón María de las Mercedes de Campoamor, más conocido como Ramón de Campoamor, y se ha usado en los campos jurídico, académico y económico, y en todo donde los asuntos requieran una mirada angular, que abarque todos los puntos de vista, todos los colores, o al menos varios posibles.

La pandemia ha desnudado una disyuntiva simple: salvar vidas o salvar economía. Se ha planteado desde el comienzo y sigue siendo la premisa imperativa y compleja. En Quintana Roo hubo sectores turístico- empresariales que tardaron en cerrar hoteles ante la llegada de la enfermedad; pero la razón llegó desde los países de origen que cerraron fronteras y cortaron la dinámica viajera que imperó durante tantos años en la «vieja normalidad».
Poco después empezamos a transitar la fase de color rojo, en este semáforo que ha instrumentado el gobierno Federal para diagnosticar, si se quiere, el estado de situación de la enfermedad.
Del Rojo al insano optimismo
Durante varias semanas Quintana Roo se mantuvo en fase de color Rojo, pero ante la desaceleración de los contagios, sumado a la capacidad hospitalaria, alentaron una fallida campaña de reactivación turística, con un video y un llamado a redescubrir Cancún, como si el problema se tratara de una simple gripe pasajera en otro caso de insano optimismo.
La realidad mostró otra cosa: que los mecanismos para reapertura son costosos, que las aerolíneas quebraron o están en quiebra y que, contraponer una visión demasiado liviana a la dura realidad, era una fantasía. ¿Cuál es la realidad ahora?
Mientras la Federación mira al Estado de Quintana Roo en Rojo, el Estado ha determinado que la Zona Norte deberá permanecer en Naranja, al menos por una semana y la Zona Sur en Rojo. ¿En qué se basa para determinarlos?
En la velocidad de contagio se ha estabilizado e incluso disminuido, según las estadísticas con respecto a la semana pasada, pasando de 1.82 a 1.70 en la zona norte y de 4.45 a 4.40 en la zona sur, que se mantiene en rojo. Los Servicios Estatales de Salud (SESA) informaron que se han registrado 6 mil 160 casos positivos de COVID-19 y 796 desde el pasado domingo 12. La pandemia lejos de menguar, sigue dando picos de contagios y fallecimientos. Esa es la realidad: en rojo.
¿Con qué cristal mirar?

¿Qué es lo que hay que ver más allá de la pandemia? Que el Estado de Quintana Roo –desde su creación- mira su economía a través de un solo color: el turismo.
Desde Joaquín Hendriks se han planteado diferentes proyectos productivos: desarrollar la ganadería y lácteos en el Sur; después el fallido proyecto de Hidroponia Maya, en Felipe Carrillo Puerto, que pasó del Estado a manos de un puñado de funcionarios y, raro caso, los empleados de éstos. Y así, el mayor desarrollo ha sido en inmobiliario asentado siempre en el turismo.
El turismo una actividad noble, sin dudas, que ha generado riqueza y empleo como en ningún otro estado de la república (salvo Baja California); pero la pandemia ha vuelto a denudar la fragilidad de su economía: primero con los huracanes: Gilberto y Wilma; el “aviso” de pandemia que fue la Influenza en 2009-2010, cuyos efectos tardaron años en dar signos vitales de recuperación; hasta hoy, que los estragos son más profundos y seguramente requerirán una mirada diferente del nuevo mandatario/a que tome las riendas en dos años en medio de este escenario tan complejo.
Más pobres, menos crecimiento
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL) ha advertido que la pobreza subirá 10,8% en Argentina, 7,7% en Brasil y 7,6% en México, cifras que hasta triplican las previsiones para el resto de los países. Y lo peor, habrá 45 millones de nuevos pobres en América Latina y una caída de 9,1% del PIB regional. COVID19 no da tregua en Estados Unidos, cuya economía y empleo terminarán severamente afectados, principal emisor de turistas de Quintana Roo.
No es nada original ni nuevo decir que Quintana Roo requiere otra mirada, un cambio, pero la urgencia ahora es tocada por la cruda realidad. No ha sido éste –en lo que lleva y todavía falta- un sexenio con suerte, que siempre es un factor determinante para todo en la vida. Primero fue la violencia, luego el sargazo y ahora COVID19. Como dice el poeta -con no poco rencor- es un mundo traidor; y nuestra suerte será peor si volvemos a confiar en la misma mirada en un mundo que ha cambiado radicalmente, y que nos deja mirando hacia la nada mientras el turismo vuelva a tener vida.
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* Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Catamarca, Argentina. Postgrado de Opinión Pública por FLACSO y diplomado de géneros periodísticos en La Salle, Cancún.
Trabajó en medios de comunicación de Argentina y México y publicó los libros Voces que Vuelven y Tan Lejos y Otra Vez en Casa.
Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún.
Actualmente es director general de Grupo Pirámide.
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