Por Ignacio Alonso Velasco
La presencia en México de personas nacidas en otro país se ha incrementado con respecto al último Censo de Población y Vivienda (CPV) que levanta el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) cada 10 años.
A nivel nacional pasamos de ser un 0.3% a 1% (1 millón 212 mil 252 habitantes) y en Quintana Roo logramos duplicar nuestro porcentaje al incrementarse del 1 al 2% (39 mil 586 habitantes).
Si estos datos estadísticos los desagregamos por cada municipio quintanarroense podremos encontrar que las personas venidas de otros países nos distribuimos de manera desigual a lo largo de la geografía quintanarroense, pues mientras que no es significativa su presencia en los municipios más rurales como Felipe Carrillo Puerto, José María Morelos o Lázaro Cárdenas, nos concentramos en los municipios con mayores núcleos poblacionales.
En números absolutos, la mayor cantidad de nosotros estamos residiendo en Benito Juárez (20 mil 255), Solidaridad (9 mil 587) y en Othón P. Blanco (3 mil 076).
Sin embargo, es más relevante conocer en qué municipios tenemos una mayor presencia en términos proporcionales.
Desde este punto de vista, podemos descubrir que, en primer lugar, destaca Bacalar con un 5% de su población nacida en otro país (2 mil 105), seguido de Puerto Morelos con un 4% (973 habitantes) y por Solidaridad con un 3%.
Por otra parte, deseo comentar que quienes llegamos como inmigrantes a México tenemos la posibilidad de cambiar nuestro estatus y poder lograr naturalizarnos, es decir, conseguir la nacionalidad mexicana, lo que nos permite, entre otras cosas, poder disfrutar de derechos político-electorales, tal como lo es el poder ejercer nuestro derecho al voto.
Esas boletas que depositaremos los mexicanos naturalizados en la urna electoral el próximo domingo 5 de junio valdrán lo mismo que si las introdujeran mexicanos por nacimiento.
Además, debemos tener en cuenta el hecho de que el primer colectivo participa más activamente en los diferentes procesos electorales, debido a que los que fuimos extranjeros en este país valoramos mucho el poder ejercer un derecho por el cual hemos tenido que sacrificarnos y que no hemos obtenido de manera fortuita por el simple hecho de que nuestras madres nos hayan dado a luz dentro del territorio mexicano.
Esos esfuerzos a los que me refiero consisten en registrarnos ante un corrupto Instituto Nacional de Migración, para manifestar nuestra voluntad de cambiar el modo migratorio; pagar de manera periódica cierta cantidad de dinero a cambio de un derecho que nos permita permanecer de manera legal en el país y, por último, superar un examen de conocimientos sobre geografía, cultura, himno e historia mexicana, que muchos oriundos en estas tierras no aprobarían.
Por esas razones es que este año 2022 acudiremos los mexicanos naturalizados a elegir a quien gobierne Quintana Roo y a diputados locales que incluyan entre sus propuestas proyectos que sean incluyentes con nosotros.
Si tenemos en cuenta la alta tasa de abstencionismo que de manera recurrente hay en cada jornada electoral, descubriremos que la presencia de las personas nacidas en otro país es más significativa aún.
Concluyo diciendo que, si bien es cierto que la constitución quintanarroense nos prohíbe a los mexicanos naturalizados participar como candidatos a miembros de ayuntamientos y a la gubernatura de manera discriminatoria, no obstante, sí podemos contender por una diputación local y, además, contamos con el derecho de sufragio activo y este será decisivo en varios de los municipios de esta entidad federativa.
