Por Abraham Gorostieta
«Cómo me ves te verás» dice el refrán que nos repiten nuestros abuelos cuando acaso hacemos un comentario de sus modos o aspectos. Y tienen razón, el tiempo es implacable y todos los humanos envejeceremos. Cómo un homenaje, en México, desde hace poco más de cien años se celebra el día de los abuelos.
Esta festividad es de origen católico y se celebra en España y muchos países de América Latina, aunque no en la misma fecha, en algunos países se celebra el 26 de agosto y en algunos otros como México se celebra cada 28 de agosto.
Según los cronólogos, la celebración tiene su origen en la fiesta de San Joaquín y de Santa Ana, padres de la Virgen María y, por lo tanto, abuelos de Jesús.
Cronistas mexicanos ubican las primeras celebraciones de este día en el Porfiriato, sólo que la fecha era distinta: el 28 de julio porque coincidía con la fiesta de San Agustín de Hipona, doctor de la Iglesia.

Pero no fue sino hasta 1932, durante el gobierno interino de Abelardo Rodríguez, que se instituyó en nuestro país el Día del Abuelo, festividad que sería ratificada durante el sexenio del presidente Lázaro Cárdenas. En 1957 tuvo lugar en México el primer Congreso Panamericano de Gerontología, presidido por el doctor Manuel Payno y en el que el colombiano Guillermo Marroquín Sánchez propuso que en América Latina se celebrara a los abuelos y las abuelas el 28 de agosto de cada año.
También existe una celebración promovida por la ONU que recuerda a las personas mayores, en general: el Día Internacional de las Personas de Edad. En otros países como Canadá, Reino Unido o Italia se celebra en los primeros días del mes de octubre.
El día de los abuelos es para celebrar a nuesros seres queridos, para escucharlos, y para vernos reflehjados en ellos, pues como dice el refrán, «cómo los ves, te verás».

