Por Fernando Castro Borges

Octavio Paz, el poeta mexicano, este año cumpliría 106 años. Ciudadano universal, que hizo de la lengua cervantina su carta de presentación. Su inquietud y sensibilidad fueros los elementos que caracterizó su obra. Fue un poeta que sería inútil tratarlo de encasillar, no puede ser etiquetado en algún estilo literario, sin embargo, puede cuadrarse en varios. Fue dueño de su inspiración y de cómo lo transmitió.

Desde muy joven, fue llamado por el mundo de las letras. Con tan sólo diecisiete años, publica sus primeros poemas en la revista “La Barandilla”. Ya en 1937, Jorge Cuesta quien es considerado el fundador de la Crítica literaria en nuestro país, ve en este veinteañero algo que resalta exaltado: “Lo que en la juventud de Octavio Paz me llamó la atención fue la decisión, la voluntad con que era capaz de exponer su entraña a la voracidad de un objeto”; así lo publicó en una columna extensa llamada Raíz de Hombre, que apareciera en la Gaceta Literaria Letras de México.

Poco después viajó a Paris, donde entabló una relación de amistad con dos reconocidos literatos latinoamericanos: el peruano César Vallejo y el Chileno Pablo Neruda, junto con ellos se sumaron Rafael Alberti y Manuel Altoaguirre, entre otros. Siendo miembro fundacional de un grupo intelectual bastante importante de lengua española. Durante este viaje se caracterizó por su crítica férrea durante la Guerra Civil Española. Como no recordar el poema desgarrador “Oda a España”; desde sus primeras estrofas deja en claro su maestría del manejo del castellano. Crítico ante la injusticia, pero esperanzador por la valentía del pueblo. Fue comprometido con el trabajo que llevó a cabo a favor de los refugiados republicanos españoles en nuestro país.

En la década de los cuarenta, Paz, se introdujo en el mundo intelectual francés; André Bretón fue el encargado de abrirle las puertas de este mundo de alto debate y de interminables discusiones que le ampliaron los horizontes literarios y de reflexión.

Octavio Paz en París, 1952

En 1950 sale a la luz “El Laberinto de la Soledad”, el cual ha sido el ensayo más reconocido de su obra bibliográfica, en él hace una extraordinaria reflexión sobre la identidad mexicana; sin embargo, los que hemos tenido la fortuna de leer otros textos, por ejemplo, el de Sor Juana Inés de la Cruz; en donde se adentra a su obra y a la compleja personalidad de la décima Musa, estaremos de acuerdo que tiene un excelente dominio en cada una de sus meditaciones

Sirve en el Servicio Exterior Mexicano como funcionario en la embajada de nuestro país en Francia y posteriormente en el de la India; concluyendo su vida diplomática con el escándalo de renunciar como protesta a las acciones emprendidas por el Presidente Gustavo Díaz Ordaz, en contra de los estudiantes en el movimiento de 1968. Durante esta década continuó muy activo en su quehacer literario, publica en 1966 la antología: Poesía en Movimiento.

Octavio Paz en la India

En 1971 funda la revista “Plural”, que posteriormente cambiaría de nombre por “Vuelta”. En este ejercicio de reflexión atrajo a un grupo de intelectuales, que a la postre será uno de los de mayor injerencia en nuestro territorio nacional.

Por su acervo e incansable aporte a la lengua española recibe el Premio cervantes en 1981. Continuó con su trabajo de forma decidida, publica Árbol Adentro, Tiempo Nublado y los Privilegios de la Vista.

En el año de 1990 el reconocimiento mundial y el de todos los idiomas del planeta se rinden ante él; recibiendo la condecoración más importante que se le pueda otorgar en vida a un hombre de letras: El Premio Nobel de Literatura.

Octavio Paz, fue un hombre culto, un intelectual de reflexiones profundas, de ideologías bien meditadas, su aportación en tinta fue conocida por todas las bibliotecas y librerías, llevó el castellano a viajar por toda la tierra, su poesía retrató fielmente su época y dio a conocer lo que es ser mexicano a todo el mundo

 

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