“Si eres teporocho, te mueres atropellado o de cirrosis, pero de enfermarse no. A los ‘tepos’ los ves caminando como si nada, mientras que hay gente que era santa y que ahora están cremando”, expresa Martiniano al tiempo que cierra la puerta de la tienda de conveniencia, que tiene atada con un cordel.

Todos los días, Martiniano González acude a su puesto se trabajo: el Oxxo que está frente al Ayuntamiento de Benito Juárez, en Cancún, ciudad que está siendo duramente azotada por la pandemia del Covid-19, pero para muchas personas, como este hombre, las recomendaciones sanitarias del gobierno no aplican.

Abre la puerta del local con la ayuda de un cordel, pues tiene una discapacidad que lo mantiene en una silla de ruedas. Su estilo de vida está basado en que una mujer lo deja quedarse en una bodega detrás de la terminal de autobuses, además de darle de comer, y él, a cambio, le lleva el mandado.

“Ya reí, ya lloré, ya sufrí. A mí no me espanta la muerte”, responde al ser cuestionado si no siente temor de exponerse a ser contagiado. Respecto a si la autoridad les ha dado indicaciones, dice que únicamente en la madrugada es cuando les dicen que no puede haber nadie en la calle.

Para él, como muchos en su situación, la pandemia no cambia en nada su vida, se van a parar a los mismos lugares en busca de alguna ayuda, o siguen abriendo la puerta del Oxxo. Martiniano incluso toma con humor el tema de la contingencia, pues dice, entre risas, que el alcohol lo hace inmune a los virus.

Como él, decenas de personas en Cancún se encuentran en situación de calle, duermen a la intemperie y toman escasas medidas de higiene. Hasta el momento, las autoridades no han manifestado algún plan para este sector de la población.

(Con información de Agencia SIM)

(Con información de Agencia SIM)