Por Abraham Gorostieta

 

Playa del Carmen, Quintana Roo.- Desde hace unos días ir al súpermercado a comprar víveres es un asunto sólo para los más avezados. La política estatal y municipal adoptada en distintas ciudades del estado, limita a que solo una persona y no familias enteras acudan a lugares donde antes eran de amplia concurrencia.

En la entrada del Chedraui de Plaza de las Américas son los policías del negocio los que permiten el acceso o lo niegan si vienen familias completas. «Sólo uno por familia», dicen y ofrecen un poco de gel en alcohol. Muchas veces, afuera quedan las familias esperando. Hoy es domingo, ergo, hay varias personas en la calle y en la entrada de las plazas comerciales.

Tomo un carrito y me ponen gel en las manos y limpian las agarraderas de las puertas. Se cierran y el policía de la entrada vuelve a repetir, si acaso una familia completa quiere entrar, que «sólo uno por familia». Sobre el piso han puesto taches azules para que la gente respete la distancia y todos hacen caso: intento ser preciso e ir sólo una vez por los pasillos y no andar dando vueltas.

El supermercado está surtido. Obvio, las pastas y cereales es lo que más se acaba, mientras que el área de legumbres y leguminosas esta con las verduras intactas, no por nada México es el lugar número uno en obesidad. Las marcas propias mantienen sus precios normales en cuanto a arroz, lentejas, garbanzos y frijoles. Las otras marcas han tenido un incremento leve pero este ha sido de una semana a otra. Tres o 4 pesos más.

Todo el personal usa tapabocas. La mayoría usa guantes. Cuando llego a la caja espero paciente mi turno. Los empacadores (adultos mayores de edad) ya no están y todos los que vamos y llevamos nuestras bolsas comenzamos a guardar nuestros alimentos. El proceso se vuelve un poco más lento. ¿Gusta colaborar con los empacadores? pregunta la cajera. 

Al salir hay una larga hilera de taxis estacionados, choferes con la angustia y el hastío del calor sobre los rostros. Nadie toma un taxi, tiempo de economizar y una dejada puede costar un litro de leche o dos kilos de frijoles. Se antepone la prioridad y las vans son el transporte más usado ahora.

Afuera, un señor con sus tres hijos, a quienes no dejaron entrar al súper, le dice a su mujer que ya ha salido: «¿Ya ves?, te dije que sólo vinieras tú, pero ahí andas, como siempre, de necia». Uno de sus hijos agarra el carrito y se lo lleva hacia el estacionamiento. Me fijo en él y observo que lleva puestos sus zapatos, supongo, de la escuela y los pisa del talón, sus calcetas son rosas.