Por Isabel Rosas Martín del Campo

El film “La sustancia” es un claro mensaje de una realidad que ya se está instalando en la cotidianeidad: no de estilos de vida sino de formas de pensamiento, lo cual es aún más amenazador. La liberación de la mujer actual ha rematado en un feminismo inquietante y provocador de ciertos sesgos de empoderamiento y de libertad ─en algunas mujeres─ hacia una visión de belleza y eterna juventud grotescamente deformadas.

Lo grotesco es el ingrediente que adereza la ideología de esta mujer que, al parecer, resulta ser más un manifiesto de su poder ansiado subyugado por años.

Doble piel

La protagonista de esta historia, una mujer madura en decadencia, profesional, abandera esta especie de doble piel. Me atrevo a sugerir una super posición de identidad sobre de sí que pretende ocultar a su verdadero ser al que no está dispuesta a continuar legitimando. Esta idea de libertad se traslada a un discurso que cobra dimensiones visuales y tridimensionales cuando se sobre esculpe el rostro con pómulos exagerados y desproporcionados, cuando las caderas y glúteos son crecidos considerablemente o la cintura es tan reducida que altera las leyes de la anatomía.

Así en el film “La sustancia” el ingrediente de lo grotesco es esencial para comprender la realidad de su metáfora: la historia de Splarke, una mujer madura cuyo éxito profesional se ha debido a su físico evidentemente cuidado y conservado naturalmente a pesar de su edad. Este orgullo por su belleza y su trayectoria profesional y humana es alterado con el peso de las palabras de un hombre. Una tardía verdad de que todavía muchas mujeres dependen de la aprobación del patriarcado muy a pesar de la supuesta liberación femenina que hoy se auto esclaviza de sus propias ideas y creencias sujetadas a visiones superficiales, influenciadas por los medios de comunicación, las redes sociales o la industria de la moda.

Es la obsesión por la belleza perfecta a cualquier costo el reflejo de una presión social intensa y dañina como si fuera un intento de construir nuevos ideales de belleza o como si fuera un grito desesperado de protagonismo que tiene que ser así, grotesco, altanero, provocador para ser vistas, para ser notadas.

Metáfora

El mensaje encriptado de esta metáfora se vale majestuosamente del simbolismo del color porque añade profundidad y significado a la narrativa visual. Los colores resaltan la emocionalidad en cada escena y delinean el desarrollo de cada personaje; Un azul frío y distante, para la mujer en decadencia, Sparkle (Demmi Moore); un brillante rosa para la mujer en la perfección, Sue (Margaret Qualley); en cada una, sus ideas mentales son deformadas por la presión social.

En esto, el énfasis puesto en un pasillo inacabable con una visual en color rojo se simboliza: la pasión, el peligro, la sangre o incluso la ira y, representando al mismo tiempo una dimensión de perspectiva, hacia lo desconocido o hacia el inevitable encuentro con el destino creando una sensación de urgencia y de amenaza constante, como si algo siempre estuviera al acecho al final. ¿Qué? el pago y el costo de cada mujer colocadas en una realidad virtual (en su cabeza) pero vívida en la cruel realidad de su existencia condicionadas a una “sustancia” (botox, rellenos, ácido hialurónico, hilos tensores, cirugía, implantes, pestañas, etcétera). En donde la mujer verdadera debe, de por vida, mantenerse oculta para dar vida a la mujer apariencia que representa la supuesta lozanía de la juventud. Estos recursos intensifican la narrativa visual de cada atmósfera para guiar la percepción del espectador hacia una tensión constante, haciendo que cada escena resuene más profundamente.

Perfección estética

De igual forma, el baño que es donde se desemboca la matriz del conflicto, el color se convierte en un lenguaje en sí mismo, como si fuese un personaje omnisciente. ¡En cada escena del baño! El uso de blanco y negro, con una cuadrícula, es una elección brillante que transmite tanto la frialdad y el orden (de la sustancia), como una sensación de opresión o confinamiento (el costo de la realidad). En lugar de distraer, el contraste agudo de los colores (la piel desnuda, la sangre, el amarillo fluorescente de la sustancia) centra la atención en la intensidad emocional de la situación en escena.

Esa estética minimalista crea una atmósfera casi clínica que puede hacer que el espectador se sienta incómodo, subrayando la tensión y el conflicto interno en contraste con el colorido intenso Kitsch de los personajes; como si se quisiese resaltar la contradicción de la vida, la existencia y el pensamiento. Justo un mensaje demoledor que une la perfección estética con la circunstancia imperfecta de las pulsiones humanas. Definitivamente un acierto en el cine contemporáneo y en la atinada dirección de Coralie Fargeat, además, ¡mujer!

 

Te puede interesar: Opinión | «Trata de blancas» con consentimiento de las blancas | Isabel Rosas Martín del Campo

Isabel Rosas Martín del Campo es arquitecta, tiene una maestría en escritura creativa y actualmente estudia un doctorado en filosofía del pensamiento complejo. Su consigna es el estudio profundo del...

One reply on “Opinión | La sustancia: lo grotesco de la realidad kistch | Isabel Rosas Martín del Campo”

  1. Desde el punto de vista filosófico, hay muchísimo para hablar del porqué a pesar de tener toda una vida por delante (Sue), repite el mismo patrón de cosificación, machismo y objetivización de la mujer, aún cuando su vida actual no es plena. Destaca la falta de trabajo personal o autoconocimiento para evolucionar como mujer a un mundo libre de todas esas cadenas que la comenzaron a atar desde el principio.
    Excelente fin de semana 😎

Los comentarios están cerrados.